Frena, acelera, frena, acelera, acelera, ¡¡freeena!! y mientras esto sucede, el tubo que hay como respaldo se encaja en la espalda a cada contracción. Ahí va la combi tuxtleca pite y pite en todas las paradas, el chofer estirando la mano hacia cualquier cristiano que puede resultar un pasajero en potencia, no importando que atrás ya hasta nos reconozcamos nuestras tersas y sudadas pieles de lo amontonados que vamos; ya sin pena ni vergüenza el vecino casi se sube en mis piernas pa’ poder abrirle espacio al nuevo acompañante… ¿Le pasa uno por favor? Si tienes ganas de ir socializando en el transporte público la opción es sentarte en el asiento que da la espalda al conductor, así te tocará ir pasando los pasajes de todas las personas que aborden, esto al menos implica una mirada o un diálogo corto y hasta el roce de manos en la ida y vuelta de monedas, qué bonito, ¿no? de no ser por la tortícolis con que terminas de estar voltee y voltee para dar la respectiva paga al chofer.
El peatón sabe lo vulnerable que es ante la cantidad de vehículos motorizados que recorren la capital chiapaneca, chicos, grandes, rápidos, con o sin conductor responsable o al menos capacitado; por eso cada que pretende atravesar una avenida lo hace desde una esquina y espera pacientemente a que el monito verde se encienda y le dé el paso: primero avanzan los vehículos que van de oriente a poniente, luego los de poniente a oriente, ahora siguen los que van de norte a sur yyy los que darán vuelta de norte a oriente, enseguida los que van de sur a norte…… ahora los que van de oriente a poniente??? ¡¡pero a estos ya les tocó y tú no has podido pasar!! qué diantres, volteas a ver el semáforo y sólo alcanzas a escuchar cómo te habla con una voz amenazadora: “jamás pasarás”… no hay más que armarse de valor para torear a los automovilistas que rara vez le cederán el paso a un peatón, lo sabes de antemano, y que todavía te miran feo si tuvieron que disminuir su velocidad nada más de pensar cómo se abollaría su auto si te atropellara.
Eso sí, la lógica de las calles y avenidas en Tuxtla es muy sencilla, al menos para quien no viaja en coche, porque ni siquiera se preocupa por los sentidos de las calles: hay dos vialidades centrales que dividen a la ciudad, una que corre de norte a sur y otra de oriente a poniente, a partir de éstas se comienzan a numerar el resto de las calles, primera norte, primera oriente, primera poniente, primera sur y así… entonces sólo basta con que sepas contar y ya está, podrás recorrer toda la ciudad a pie, ya si mientras caminas el ocio te invade, puedes ir contando a los fulanitos que van vendiendo dulces y cigarros en sus repisas de madera transportables o a los taxis y combis que te pitan cuando te ven caminando, tendrás material de sobra para entretenerte. Y cuando el calor te invada puedes pararte a comprar un pozol bien frío, esta bebida en general es deliciosa, pero el que hacen en el mercado 5 de mayo no tiene ma…nera de compararse, sin embargo no lo consumas muy seguido, porque a pesar de que con la caminata quemarás calorías, el maíz (ingrediente base del pozol) y la panza se llevan tan bien que hasta forman felices lonjas.
¿Se acuerda? ¡¡antes sólo había quince taxis en todo la ciudad, ahora son miles!!, platicaba un don en el Parque Central… Seguramente esta urbe seguirá creciendo -tiene miras a eso- y seguramente también, entre otras cosas, la conciencia del peatón y del automovilista, así como la logística vial, irán evolucionando conforme al desarrollo de esta capital representante nada más y nada menos que de uno de los estados más hermosos de nuestro país. Caminemos.
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Momentos congelados en papel
Por cuestiones económicas y, por qué no, un poco románticas, la mayoría de mis libros, incluso los que más quiero, fueron comprados en lo “usado”, esos puentecillos que puedes encontrar en cualquier calle, me gusta pensar que soy como una especie de heroína que los rescata del abandono. Los pobres, ahí tirados, yacen sobre un pedazo de tela, sucios, polvorientos y tristes, esperando que alguien los levante, les de una hojeada, que reviva esos años de gloria, donde alguna ves formaron parte de una biblioteca.
Yo pertenezco a la clase de personas que no juzgan un libro por la portada de éste (para quien lo dude, le puedo mostrar fotos de los hombres con los que salgo) los empastes de cuero, con letras doradas no significan nada para mí, a final de cuentas, lo que está dentro de esas tapas de cuero, es lo que importa. No quiero decir que no me gustan los libros nuevos, claro que me gustan, pero me agrada entrar, cuando me topo con ellas, a las librerías de viejo, me gusta el olor, me gusta ver pilas y pilas de libros o detenerme a inspeccionar lo que el ropavejero pesco en el día, me siento como niña en una dulcería.
Parte de la magia que estos libros encierran es que son la prueba irrefutable de la existencia de una persona, no sólo porque muestran parte de los sentimientos y formas de pensar del escritor, sino porque esos libros pertenecieron a alguien, formaron parte de su historia, marcaron su vida. Cuando abres estos trozos de doble historia, estos huérfanos, te escupen a la cara, desde la primera hoja, quiénes son y de dónde vienen.
En la primera hoja, generalmente te encuentras con la dedicatoria, es increíble cómo unas cuantas líneas pueden decirnos tanto. En el último libro que compré en la parada del camión que esta afuera del metro Balderas (muy baratos por cierto), al abrirlo me encontré, en la primera página la siguiente dedicatoria "A Michelle con todo mi afecto de José López Freeman, navidad de 1997". En otro de mis libros dice “Con todo mi amor para Laura de su mama". Algunos son más poéticos, escriben algún pensamiento o frase de alguien famoso, pero invariablemente, estas frases congelan un momento, una ocasión especial, eternizan para siempre un cumpleaños, un aniversario o un "feliz, feliz no cumpleaños”.
No dejo de imaginarme múltiples escenarios, una pareja en un café compartiendo besos y abrazos, él saca de su mochila un paquete envuelto con un moño, ella lo abre, es un libro. O una casa decorada con árbol de navidad y toda la cosa, la familia reunida, el tío José llega, dan las 12 campanadas, hora del intercambio, todos se abrazan, al tío le toca regalarle a su sobrina Michelle, los nervios, la desesperación, la duda ¿que será ese paquete que me extiende el tío José?... así me podría seguir una tarde entera conjeturando, dilucidando, ¿quién demonios era ese tal José López Freeman? ¿Quien era o es Michelle? ¿Que relación tenían? ¿Eran amantes? ¿Novios, familia? ¿Se amaban? Tal vez se odiaban y José decidió regalarle un libro mortalmente aburrido en venganza, podría ser, yo lo haría.
Me pregunto ¿cómo un objeto tan íntimo, tan personal, termina en un puesto de lo usado? un libro es un objeto con un significado propio, aun cuando todos leamos el mismo libro, nunca tendrá el mismo significado para mí que para el resto del mundo, si a esto le sumamos el hecho de que fue un obsequio de alguien que en ese momento nos quería, se convierte en algo invaluable.
Quien se atreve a regalarte un libro (claro, que no sea académico) debe conocerte muy bien. Tengo de conocer a mis tres mejores amigos 13, 7 y 6 años y no me atrevería a regalarles uno. Debes conocer a la persona, saber qué le gusta, qué lo mueve, qué lo haría vibrar de emoción, qué lo haría reflexionar, qué lo deja con la boca abierta… en fin, qué es lo que podría causarle una sensación grata.
Qué triste, pues, encontrarme con esos parias de libreros, desterrados de la biblioteca personal, deben extrañarlos o quizás ni siquiera piensen en ellos, quedaron relegados al olvido o puede ser que tanto los pensamientos del autor y los sentimientos del emisor sí hayan significado algo, pero la persona que le daba sentido al libro ya no está en este mundo, entonces a su familia, para quienes esos momentos congelados no tienen valor, les estorban, lo mejor es tirarlos o venderlos.
Así es como van a dar a esos lugares, en busca de una segunda oportunidad, de que alguien los vuelva a leer. Por eso me gustan los libros usados (aparte de que son baratos) por que son parte de mi historia, son parte de mi andar por esta vida, además soy dueña de momentos, de pedazos de vida de personas de otros tiempos, de otros lugares, incluso de otros idiomas.
Cuando envejezca y sienta que la muerte viene tras de mí, quemaré todos y cada uno de mis libros. No quiero morir y dejar huérfanos, contando mi historia, rodando por las calles de esta gran ciudad.
Yo pertenezco a la clase de personas que no juzgan un libro por la portada de éste (para quien lo dude, le puedo mostrar fotos de los hombres con los que salgo) los empastes de cuero, con letras doradas no significan nada para mí, a final de cuentas, lo que está dentro de esas tapas de cuero, es lo que importa. No quiero decir que no me gustan los libros nuevos, claro que me gustan, pero me agrada entrar, cuando me topo con ellas, a las librerías de viejo, me gusta el olor, me gusta ver pilas y pilas de libros o detenerme a inspeccionar lo que el ropavejero pesco en el día, me siento como niña en una dulcería.
Parte de la magia que estos libros encierran es que son la prueba irrefutable de la existencia de una persona, no sólo porque muestran parte de los sentimientos y formas de pensar del escritor, sino porque esos libros pertenecieron a alguien, formaron parte de su historia, marcaron su vida. Cuando abres estos trozos de doble historia, estos huérfanos, te escupen a la cara, desde la primera hoja, quiénes son y de dónde vienen.
En la primera hoja, generalmente te encuentras con la dedicatoria, es increíble cómo unas cuantas líneas pueden decirnos tanto. En el último libro que compré en la parada del camión que esta afuera del metro Balderas (muy baratos por cierto), al abrirlo me encontré, en la primera página la siguiente dedicatoria "A Michelle con todo mi afecto de José López Freeman, navidad de 1997". En otro de mis libros dice “Con todo mi amor para Laura de su mama". Algunos son más poéticos, escriben algún pensamiento o frase de alguien famoso, pero invariablemente, estas frases congelan un momento, una ocasión especial, eternizan para siempre un cumpleaños, un aniversario o un "feliz, feliz no cumpleaños”.
No dejo de imaginarme múltiples escenarios, una pareja en un café compartiendo besos y abrazos, él saca de su mochila un paquete envuelto con un moño, ella lo abre, es un libro. O una casa decorada con árbol de navidad y toda la cosa, la familia reunida, el tío José llega, dan las 12 campanadas, hora del intercambio, todos se abrazan, al tío le toca regalarle a su sobrina Michelle, los nervios, la desesperación, la duda ¿que será ese paquete que me extiende el tío José?... así me podría seguir una tarde entera conjeturando, dilucidando, ¿quién demonios era ese tal José López Freeman? ¿Quien era o es Michelle? ¿Que relación tenían? ¿Eran amantes? ¿Novios, familia? ¿Se amaban? Tal vez se odiaban y José decidió regalarle un libro mortalmente aburrido en venganza, podría ser, yo lo haría.
Me pregunto ¿cómo un objeto tan íntimo, tan personal, termina en un puesto de lo usado? un libro es un objeto con un significado propio, aun cuando todos leamos el mismo libro, nunca tendrá el mismo significado para mí que para el resto del mundo, si a esto le sumamos el hecho de que fue un obsequio de alguien que en ese momento nos quería, se convierte en algo invaluable.
Quien se atreve a regalarte un libro (claro, que no sea académico) debe conocerte muy bien. Tengo de conocer a mis tres mejores amigos 13, 7 y 6 años y no me atrevería a regalarles uno. Debes conocer a la persona, saber qué le gusta, qué lo mueve, qué lo haría vibrar de emoción, qué lo haría reflexionar, qué lo deja con la boca abierta… en fin, qué es lo que podría causarle una sensación grata.
Qué triste, pues, encontrarme con esos parias de libreros, desterrados de la biblioteca personal, deben extrañarlos o quizás ni siquiera piensen en ellos, quedaron relegados al olvido o puede ser que tanto los pensamientos del autor y los sentimientos del emisor sí hayan significado algo, pero la persona que le daba sentido al libro ya no está en este mundo, entonces a su familia, para quienes esos momentos congelados no tienen valor, les estorban, lo mejor es tirarlos o venderlos.
Así es como van a dar a esos lugares, en busca de una segunda oportunidad, de que alguien los vuelva a leer. Por eso me gustan los libros usados (aparte de que son baratos) por que son parte de mi historia, son parte de mi andar por esta vida, además soy dueña de momentos, de pedazos de vida de personas de otros tiempos, de otros lugares, incluso de otros idiomas.
Cuando envejezca y sienta que la muerte viene tras de mí, quemaré todos y cada uno de mis libros. No quiero morir y dejar huérfanos, contando mi historia, rodando por las calles de esta gran ciudad.
Fabiola Barajas
Hoy, un día violentado
Es curiosa la manera en la que todos o, por lo menos, todos los medios han felicitado a las mujeres que YA no se dejan violentar. Claro que no es casualidad que precisamente hoy recuerden que existe sufrimiento en este género (sin subestimar el sufrimiento masculino); para ello se tomaron la molestia de asignar un día del año: 25 de noviembre, al que decidieron otorgar el “orgullosisímo” título de día internacional de la erradicación de la violencia contra las mujeres.
Con algo estoy completamente de acuerdo: la violencia entre géneros sólo se eliminará cuando en nuestra formación y condición humana exista el valor del amor propio; no se confunda con el ego o la soberbia, sino con los límites de cada mujer para defender racionalmente esa postura que juega ante el mundo, pero no ante un mundo hostil y agresivo que se manifiesta en las más sorprendentes formas.
No se pretende elevar un género por encima de otro ni ubicarlos en el mismo sitio, eso no es posible por el simple hecho de que la naturaleza pensó hasta en esas diferencias que serían fundamentales para lograr lo que no se ha logrado: la complementación.
Sin embargo, no se pueden cerrar lo ojos ante los cambios positivos que ha tenido la sociedad mexicana. A diferencia de hace no muchos años, ahora son más los jóvenes que apoyan la igualdad respetando siempre las diferencias, también son más las mujeres que han decidido responsabilizarse de su propio cuerpo, no sólo aplicándose anticonceptivos sino cuidando su ser como tal, borrando poco a poco la idea de que sólo son una fabrica de nuevas vidas que en otro tiempo, quizá, educarían de la misma ignorante forma en la que las educaron a ellas.
Estas acciones son las que tienen real importancia y trascendencia y que superan a la formación de organizaciones que utilizan términos igualmente lamentables como grupos vulnerables o sexo débil. Sólo la institución que ofrezca apoyo en el más amplio sentido de la palabra se puede considerar benéfica socialmente.
Pero, precisamente hoy, es importante mencionar que la violencia en el mundo es impresionante y, en nuestro país, Ciudad Juárez no tiene la exclusiva en este ámbito que más que crisis social parece representar lucha de poderes y ausencia de valores fundamentales, no religiosos sino simplemente humanos.
Sólo por si alguien se atreviera a dudar que este texto tiene fundamentos más que tangibles, recordemos que a nivel nacional 36.7 por ciento de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia, 20 de cada cien asesinatos ocurren dentro del ámbito familiar, 10 de ellos son de maridos que han asesinado a sus esposas y el 84 por ciento de las victimas considera que la violencia es algo natural y un asunto privado que sólo compete a la pareja.
Infinitos cifras que, quizá, se traduzcan sólo en caras de sorpresa o en el peor de los casos, de indiferencia nos colocan vagamente en contexto para decidir si hoy es un día digno de festejo o deberemos esperar a que no disminuyan las muertes, sino que un país sin violencia en amplio sentido no sea sólo una idea utópica.
Fuente: CIMAC —Comunicación e Información de la Mujer, A.C.—
Con algo estoy completamente de acuerdo: la violencia entre géneros sólo se eliminará cuando en nuestra formación y condición humana exista el valor del amor propio; no se confunda con el ego o la soberbia, sino con los límites de cada mujer para defender racionalmente esa postura que juega ante el mundo, pero no ante un mundo hostil y agresivo que se manifiesta en las más sorprendentes formas.
No se pretende elevar un género por encima de otro ni ubicarlos en el mismo sitio, eso no es posible por el simple hecho de que la naturaleza pensó hasta en esas diferencias que serían fundamentales para lograr lo que no se ha logrado: la complementación.
Sin embargo, no se pueden cerrar lo ojos ante los cambios positivos que ha tenido la sociedad mexicana. A diferencia de hace no muchos años, ahora son más los jóvenes que apoyan la igualdad respetando siempre las diferencias, también son más las mujeres que han decidido responsabilizarse de su propio cuerpo, no sólo aplicándose anticonceptivos sino cuidando su ser como tal, borrando poco a poco la idea de que sólo son una fabrica de nuevas vidas que en otro tiempo, quizá, educarían de la misma ignorante forma en la que las educaron a ellas.
Estas acciones son las que tienen real importancia y trascendencia y que superan a la formación de organizaciones que utilizan términos igualmente lamentables como grupos vulnerables o sexo débil. Sólo la institución que ofrezca apoyo en el más amplio sentido de la palabra se puede considerar benéfica socialmente.
Pero, precisamente hoy, es importante mencionar que la violencia en el mundo es impresionante y, en nuestro país, Ciudad Juárez no tiene la exclusiva en este ámbito que más que crisis social parece representar lucha de poderes y ausencia de valores fundamentales, no religiosos sino simplemente humanos.
Sólo por si alguien se atreviera a dudar que este texto tiene fundamentos más que tangibles, recordemos que a nivel nacional 36.7 por ciento de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia, 20 de cada cien asesinatos ocurren dentro del ámbito familiar, 10 de ellos son de maridos que han asesinado a sus esposas y el 84 por ciento de las victimas considera que la violencia es algo natural y un asunto privado que sólo compete a la pareja.
Infinitos cifras que, quizá, se traduzcan sólo en caras de sorpresa o en el peor de los casos, de indiferencia nos colocan vagamente en contexto para decidir si hoy es un día digno de festejo o deberemos esperar a que no disminuyan las muertes, sino que un país sin violencia en amplio sentido no sea sólo una idea utópica.
Fuente: CIMAC —Comunicación e Información de la Mujer, A.C.—
Dieciséis años sin la reina
Él podía andar como un alumno más del Earling Collage of Art y sin un centavo en la bolsa, pero desde entonces resaltaba su forma llamativa y extravagante de vestir que, unos años más adelante, le daría una presencia singularísima en el escenario. Como simple admirador del grupo Smile, conformado por May Brian y Roger Taylor (guitarrista y baterista de Queen, respectivamente), fue quien reanimó a estos muchachos para no claudicar con el proyecto de su banda. Unos le llamamos Dios, otros destino, pero, como le quieran decir o a quien le quieran echar la culpa, hubo algo que puso a Mercury en ese lugar, en ese espacio, con esos personajes y en el tiempo donde roqueros como Jimi Hendrix podían influenciarlo muy de cerca.
Son muchas las aportaciones que Mercury hizo a la agrupación a la que perteneció y en la cual logró desarrollarse como un verdadero artista y “show man”, no por nada su declaración, que, aunque petulante, todos sabían, era cierta: “Nunca me he considerado el líder de Queen, la persona más importante, quizá”. Podemos empezar por adjudicarle el nombre de su banda; él sabía que el grupo necesitaba un nombre elegante y universal, simple pero con presencia, y claro, bajita la mano, también llevaba implícita una connotación gay, pero esa era sólo una de las miles de interpretaciones que se le podía dar a la palabra “Queen”. Dicho nombre, después de causar risas y desconcierto entre los demás integrantes, al final fue elegido de común acuerdo y utilizado por primera vez el 27 de junio de 1970 para un concierto de beneficencia en el Imperial Collage.
Frederick o Faroukh Bulsara, nacido el 5 de septiembre de 1946 en Zanzíbar, fue sin dudarlo, un genio musical; era totalmente propositvo y jamás le dio miedo experimentar; cuando entraba a un estudio, se adueñaba de él y explotaba sus recursos hasta el límite. Hay muchos ejemplos para demostrar las virtudes de Mercury como músico; Liar, Killer Queen, Bicycle Race, Don’t stop me now y la última rola que escribió, These are the days for our lives, son sólo una probadilla de su extenso trabajo como autor e intérprete.
Su obra maestra fue la incluida en el disco A night at the Opera, “Bohemian Rhapsody”, este sencillo, trabajado sólo con los cuatro integrantes del grupo y el productr Roy Thomas Baker, tiene 182 voces superpuestas y, entre la sección operística, la de rock, las mezclas de los instrumentos y los fragmentos vocales que de un momento a otro se le ocurrían a Freddie, la rola de seis minutos fue terminada en un lapso de tres semanas. Además, no sólo es el virtuosismo en la música, sino que, por toda la imaginería que tiene en su contenido, se puede pensar que es la confesión de un asesinato, la declaración de arrepentimiento que Mercury le hace a su madre o simplemente la rudeza de las relaciones humanas; al final, el autor de esta obra, lanzada el 31 de octubre de 1975, decìa al respecto: “creo que la gente debería limitarse a escucharla, a pensar en ella y a sacar sus propias conclusiones sobre lo que el tema dice a cada quien”.
Lo que Freddie hizo, todo lo que construyó, cada una de sus creaciones, eso, todo eso, puede quedar guardado para siempre en la historia de la música y ser admirado por cada uno de los que hemos tenido la oportunidad de conocer su trabajo. Sin embargo, él no fue inmortal, el 24 de noviembre de 1991 falleció a causa de una bronconeumonía desarrollada por el SIDA, justo un día después de que hizo pública su situación de salud, sosteniendo ante los espectadores de una cadena televisiva que era portador de VIH. El mundo se estremeció, fue difícil afrontar la pérdida del líder de una banda tan importante, los mismos integrantes sabían que en ese momento, sin Freddie, Queen también dejaría de existir. Unos meses después, en abril de 1992, se celebró un concierto en su memoria y en beneficencia para el combate contra el SIDA, en el estadio de Wembley de Londres.
¿Hay que justificar este texto sobre La reina? Tal vez no hace falta; la grandeza, el virtuosismo, su arte, su vida, su canto… todo lo que implica nombrar a Faroukh Bulsara, siempre y en cualquier circunstancia será bien recibido. Pero qué bien hacerle una remembranza en este mes que cumple 16 años de estar lejos, 16 años de que el mundo ruede sin su presencia, más de una década y media de recordar a Freddie Mercury… Dios salve a la Reina.
“Siempre me he considerado una estrella y ahora parece que el resto del mundo está de acuerdo conmigo.”
Son muchas las aportaciones que Mercury hizo a la agrupación a la que perteneció y en la cual logró desarrollarse como un verdadero artista y “show man”, no por nada su declaración, que, aunque petulante, todos sabían, era cierta: “Nunca me he considerado el líder de Queen, la persona más importante, quizá”. Podemos empezar por adjudicarle el nombre de su banda; él sabía que el grupo necesitaba un nombre elegante y universal, simple pero con presencia, y claro, bajita la mano, también llevaba implícita una connotación gay, pero esa era sólo una de las miles de interpretaciones que se le podía dar a la palabra “Queen”. Dicho nombre, después de causar risas y desconcierto entre los demás integrantes, al final fue elegido de común acuerdo y utilizado por primera vez el 27 de junio de 1970 para un concierto de beneficencia en el Imperial Collage.
Frederick o Faroukh Bulsara, nacido el 5 de septiembre de 1946 en Zanzíbar, fue sin dudarlo, un genio musical; era totalmente propositvo y jamás le dio miedo experimentar; cuando entraba a un estudio, se adueñaba de él y explotaba sus recursos hasta el límite. Hay muchos ejemplos para demostrar las virtudes de Mercury como músico; Liar, Killer Queen, Bicycle Race, Don’t stop me now y la última rola que escribió, These are the days for our lives, son sólo una probadilla de su extenso trabajo como autor e intérprete.
Su obra maestra fue la incluida en el disco A night at the Opera, “Bohemian Rhapsody”, este sencillo, trabajado sólo con los cuatro integrantes del grupo y el productr Roy Thomas Baker, tiene 182 voces superpuestas y, entre la sección operística, la de rock, las mezclas de los instrumentos y los fragmentos vocales que de un momento a otro se le ocurrían a Freddie, la rola de seis minutos fue terminada en un lapso de tres semanas. Además, no sólo es el virtuosismo en la música, sino que, por toda la imaginería que tiene en su contenido, se puede pensar que es la confesión de un asesinato, la declaración de arrepentimiento que Mercury le hace a su madre o simplemente la rudeza de las relaciones humanas; al final, el autor de esta obra, lanzada el 31 de octubre de 1975, decìa al respecto: “creo que la gente debería limitarse a escucharla, a pensar en ella y a sacar sus propias conclusiones sobre lo que el tema dice a cada quien”.
Lo que Freddie hizo, todo lo que construyó, cada una de sus creaciones, eso, todo eso, puede quedar guardado para siempre en la historia de la música y ser admirado por cada uno de los que hemos tenido la oportunidad de conocer su trabajo. Sin embargo, él no fue inmortal, el 24 de noviembre de 1991 falleció a causa de una bronconeumonía desarrollada por el SIDA, justo un día después de que hizo pública su situación de salud, sosteniendo ante los espectadores de una cadena televisiva que era portador de VIH. El mundo se estremeció, fue difícil afrontar la pérdida del líder de una banda tan importante, los mismos integrantes sabían que en ese momento, sin Freddie, Queen también dejaría de existir. Unos meses después, en abril de 1992, se celebró un concierto en su memoria y en beneficencia para el combate contra el SIDA, en el estadio de Wembley de Londres.
¿Hay que justificar este texto sobre La reina? Tal vez no hace falta; la grandeza, el virtuosismo, su arte, su vida, su canto… todo lo que implica nombrar a Faroukh Bulsara, siempre y en cualquier circunstancia será bien recibido. Pero qué bien hacerle una remembranza en este mes que cumple 16 años de estar lejos, 16 años de que el mundo ruede sin su presencia, más de una década y media de recordar a Freddie Mercury… Dios salve a la Reina.
“Siempre me he considerado una estrella y ahora parece que el resto del mundo está de acuerdo conmigo.”
Acabo de descubrirlo
Creo que muchos pasamos nuestra vida pensando… diciendo… esperando… pero si hay algo que hacemos prácticamente en todo momento, es oír.
Sonidos provenientes de todos lados llegan a nuestros oídos, algunos los procesamos, otros no. Quizá el sonido que más impacto causa es el de las palabras.
Sí señor: las palabras… ¿Qué por qué? Escuche/leí en algún lado que las palabras son lo más fuerte que existe en este universo, pues una vez dichas no hay poder que logre eliminarlas. Así que, cuando las palabras salen, es imposible no poder ver/sentir/presenciar… sufrir… el impacto que causa su pronunciación.
Y ahora, la tecnología le permite a las palabras manifestarse en textos enviados por ondas magnéticas: Un nuevo poder.
En su venir y devenir he visto miles de palabras, miles de frases; todas con un poder diferente, pero incorruptible. Y después de tanto tiempo, puedo decir que acabo de descubrir cuál es la frase más mortal de todas: aquella que podría destruir la psique de un hombre.
¿Y cuál es esta frase? Estimado lector, si su intención es utilizarla como arma para derrotar a sus enemigos, no siga leyendo: el mundo ya está lleno de seres despreciables y no necesitamos uno más. Si quiere leerla para protegerse de ella, olvídelo: nunca estará preparado para ella, y cuando le llegue, sólo le deseo que tenga la fuerza para aguantar. ¿Listos? Bueno, esa frase es……………………………
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………‘NO QUIERO ENTENDER’.
Adelante, prepárense, créanse listos para lidiar lo que su cabeza y su corazón sentirán al escucharla. Porque, les aseguro, lo que sentirán es algo mucho peor que morir.
Y después de esta advertencia, damas y caballeros, procedo a retirarme… Mientras veo cómo la oscuridad se apodera de la poca felicidad que aún había en este cuerpo vivo… ¿o muerto? Ya ven que dicen que uno está tan vivo como quiere estar…
Oscar Luján
Sonidos provenientes de todos lados llegan a nuestros oídos, algunos los procesamos, otros no. Quizá el sonido que más impacto causa es el de las palabras.
Sí señor: las palabras… ¿Qué por qué? Escuche/leí en algún lado que las palabras son lo más fuerte que existe en este universo, pues una vez dichas no hay poder que logre eliminarlas. Así que, cuando las palabras salen, es imposible no poder ver/sentir/presenciar… sufrir… el impacto que causa su pronunciación.
Y ahora, la tecnología le permite a las palabras manifestarse en textos enviados por ondas magnéticas: Un nuevo poder.
En su venir y devenir he visto miles de palabras, miles de frases; todas con un poder diferente, pero incorruptible. Y después de tanto tiempo, puedo decir que acabo de descubrir cuál es la frase más mortal de todas: aquella que podría destruir la psique de un hombre.
¿Y cuál es esta frase? Estimado lector, si su intención es utilizarla como arma para derrotar a sus enemigos, no siga leyendo: el mundo ya está lleno de seres despreciables y no necesitamos uno más. Si quiere leerla para protegerse de ella, olvídelo: nunca estará preparado para ella, y cuando le llegue, sólo le deseo que tenga la fuerza para aguantar. ¿Listos? Bueno, esa frase es……………………………
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………‘NO QUIERO ENTENDER’.
Adelante, prepárense, créanse listos para lidiar lo que su cabeza y su corazón sentirán al escucharla. Porque, les aseguro, lo que sentirán es algo mucho peor que morir.
Y después de esta advertencia, damas y caballeros, procedo a retirarme… Mientras veo cómo la oscuridad se apodera de la poca felicidad que aún había en este cuerpo vivo… ¿o muerto? Ya ven que dicen que uno está tan vivo como quiere estar…
Oscar Luján
Mi frente fría
El zarape que me cubre todos los inviernos, este año lo tuve que sacar antes. La luna, hermosa luna de otoño, esta vez se inhibió ante las nubes que durante todo este tiempo han cubierto el cielo; de repente se asoma acompañada de otros astros y yo la miro fijamente, como si fuese la última vez que sucederá, tal vez.
Dos fracciones de mi país, divididas políticamente, ya no sólo tienen un gran río, ahora también tienen un lago ¿sobre?, ¿entre?, ¿dentro?, ¿en? (¿qué preposición queda?) sus casas y lugares de labor, tierras de cultivo. Mi zarape, entonces, queda en segundo plano cuando alguien tuvo que sacar su lanchita sin ser temporada de pesca: no fue a coger peces, fue a salvar humanos.
La ONU dice que se pudo evitar, ¿y qué con eso?, ¿cómo debemos tomar esa conclusión?, ¿como una burla?, ¿un regaño?, ¿una llamada de atención? O como envidia de parte de algunos por la gran diversidad natural que México posee, y que pretenden que aunque sea por desastres como estos nos sintamos mal por haber nacido aquí, por ser tabasqueños o chiapanecos.
Esta noche en el noticiario, alguien pidió oración, alguien pidió comida para sus hijos, alguien pedía una dirección, una orientación para saber a dónde dirigirse después de haber perdido todo, el presidente pidió calma y apoyo… este año el Teleton deberá esperar.
Dos fracciones de mi país, divididas políticamente, ya no sólo tienen un gran río, ahora también tienen un lago ¿sobre?, ¿entre?, ¿dentro?, ¿en? (¿qué preposición queda?) sus casas y lugares de labor, tierras de cultivo. Mi zarape, entonces, queda en segundo plano cuando alguien tuvo que sacar su lanchita sin ser temporada de pesca: no fue a coger peces, fue a salvar humanos.
La ONU dice que se pudo evitar, ¿y qué con eso?, ¿cómo debemos tomar esa conclusión?, ¿como una burla?, ¿un regaño?, ¿una llamada de atención? O como envidia de parte de algunos por la gran diversidad natural que México posee, y que pretenden que aunque sea por desastres como estos nos sintamos mal por haber nacido aquí, por ser tabasqueños o chiapanecos.
Esta noche en el noticiario, alguien pidió oración, alguien pidió comida para sus hijos, alguien pedía una dirección, una orientación para saber a dónde dirigirse después de haber perdido todo, el presidente pidió calma y apoyo… este año el Teleton deberá esperar.
Hoy me levanté...
Hoy me levanté… y me dije a mí mismo ‘quiero dejar de ser yo’… ¿qué por qué? ni idea, sólo me nació… así que decidido a encontrar quién sería a partir de ahora comencé a leer libros sobre cambio de apariencia, y cambio de personalidad… y descubrí que quería obtener muchas cualidades:
- La inteligencia de Albert Einstein y Charles Darwin: Con el poder de revolucionar el conocimiento del tiempo y el espacio como estos dos grandes de la ciencia(sea cual fuere la que practicaban cada uno... je)
- El talento musical de Beethoven y John Lennon: Creadores de dos de las melodías más hermosas que se han hecho: La Novena Sinfonía e Imagine, entre otras grandes obras maestras y clásicos.
- La capacidad de razonamiento de Maquiavelo y Marx: Estos dos hombres pudieron cambiar el pensamiento sobre el poder y la estrategia, y aún siguen haciendo ecos sobre los jóvenes que buscan algo en qué creer y sobre lo cual actuar.
- La valentía de Joan D’Arc y William Wallace: Que lucharon y murieron por un ideal de libertad de vida y pensamiento, y nos recuerdan que hay que darlo todo por lo que queremos.
- La seguridad de Cleopatra y Atenea: Que se volvieron símbolos de los países sobre los cuales reinaban (una en el mundo físico y la otra en el espiritual), por haber tenido dos dedos de frente para actuar.
- La galanura de Brad Pitt y George Clooney: …(¿Qué? Yo también tengo mi lado vanidoso)
Y así, después de que anocheció y revisé tantas historias de vida, me di cuenta que no valía la pena hacer el cambio… ¿por qué? pues por una sencilla razón: ELLOS YA SON HISTORIA, Y SER COMO ELLOS NO ME AYUDARÁ A SER HISTORIA. A mí me toca ser YO mismo, y que algún día alguien quiera ser como yo, no por vanidad, sino porque en algo hice cambiar la historia de este planeta.
Así que me iré a dormir porque mañana me toca a mí hacer historia…
Oscar Luján
- La inteligencia de Albert Einstein y Charles Darwin: Con el poder de revolucionar el conocimiento del tiempo y el espacio como estos dos grandes de la ciencia(sea cual fuere la que practicaban cada uno... je)
- El talento musical de Beethoven y John Lennon: Creadores de dos de las melodías más hermosas que se han hecho: La Novena Sinfonía e Imagine, entre otras grandes obras maestras y clásicos.
- La capacidad de razonamiento de Maquiavelo y Marx: Estos dos hombres pudieron cambiar el pensamiento sobre el poder y la estrategia, y aún siguen haciendo ecos sobre los jóvenes que buscan algo en qué creer y sobre lo cual actuar.
- La valentía de Joan D’Arc y William Wallace: Que lucharon y murieron por un ideal de libertad de vida y pensamiento, y nos recuerdan que hay que darlo todo por lo que queremos.
- La seguridad de Cleopatra y Atenea: Que se volvieron símbolos de los países sobre los cuales reinaban (una en el mundo físico y la otra en el espiritual), por haber tenido dos dedos de frente para actuar.
- La galanura de Brad Pitt y George Clooney: …(¿Qué? Yo también tengo mi lado vanidoso)
Y así, después de que anocheció y revisé tantas historias de vida, me di cuenta que no valía la pena hacer el cambio… ¿por qué? pues por una sencilla razón: ELLOS YA SON HISTORIA, Y SER COMO ELLOS NO ME AYUDARÁ A SER HISTORIA. A mí me toca ser YO mismo, y que algún día alguien quiera ser como yo, no por vanidad, sino porque en algo hice cambiar la historia de este planeta.
Así que me iré a dormir porque mañana me toca a mí hacer historia…
Oscar Luján
¿Cómo comienzan?
Durante años nos hemos resobado una frase... una frase tan cierta como incomoda: “Todo lo que comienza, termina”. No, no salió de las mentes “guachosqui” (directores de la trilogía Matrix). Es una verdad conocida por la humanidad desde hacía tiempo. Todo cumple un ciclo. Pero, alguna vez se preguntaron ¿Existe lo que no comienza?
Siempre hemos vivido en un mundo donde, lo que no pueda ser captado por los cinco sentidos, no existe. Sólo es parte de nuestras fantasías oníricas. Y cuando pensamos en eso, siempre entramos en la terrible contradicción: Lo que se ve no siempre existe.
Sólo porque algo no está presente en nuestro universo, no significa que no exista. Sólo no ha comenzado...
¡Ah, canijo, ahora resulta que cualquier cosa puede empezar! No necesariamente.
La existencia en otros planos, si bien, no comprobada científicamente, es un punto a tratar en este texto.
¿Existen otros planos? Si la respuesta es sí, entonces lo que sigue no tendrá ningún sentido…entonces, supongamos que no existen. ¿Qué pasa con todo aquello que no ha comenzado?
Todo eso... perdido... en un limbo...amalgamado... tal vez consciente de su existencia, tal vez no...sin saber todavía cuál es su verdadero ser... ahí...esperando algún día poder comenzar a existir... tal vez nunca logre comenzar... sin objetivo, sin identidad, sin definición.
Este texto probablemente estuvo ahí... pero ahora existe, se comenzó a escribir, y quedará plasmado. Ya comenzó, y seguiré hasta que llegue su fin... pero, ¡oh supremos gustos irónicos! No será tan fácil terminarlo. Así que este texto no tendrá un final.
Solo nos resta decir comenzamos…
(Nota del redactor: El creador de este texto murió al terminar esta única hoja... cumplió con su promesa)
Oscar Luján
Siempre hemos vivido en un mundo donde, lo que no pueda ser captado por los cinco sentidos, no existe. Sólo es parte de nuestras fantasías oníricas. Y cuando pensamos en eso, siempre entramos en la terrible contradicción: Lo que se ve no siempre existe.
Sólo porque algo no está presente en nuestro universo, no significa que no exista. Sólo no ha comenzado...
¡Ah, canijo, ahora resulta que cualquier cosa puede empezar! No necesariamente.
La existencia en otros planos, si bien, no comprobada científicamente, es un punto a tratar en este texto.
¿Existen otros planos? Si la respuesta es sí, entonces lo que sigue no tendrá ningún sentido…entonces, supongamos que no existen. ¿Qué pasa con todo aquello que no ha comenzado?
Todo eso... perdido... en un limbo...amalgamado... tal vez consciente de su existencia, tal vez no...sin saber todavía cuál es su verdadero ser... ahí...esperando algún día poder comenzar a existir... tal vez nunca logre comenzar... sin objetivo, sin identidad, sin definición.
Este texto probablemente estuvo ahí... pero ahora existe, se comenzó a escribir, y quedará plasmado. Ya comenzó, y seguiré hasta que llegue su fin... pero, ¡oh supremos gustos irónicos! No será tan fácil terminarlo. Así que este texto no tendrá un final.
Solo nos resta decir comenzamos…
(Nota del redactor: El creador de este texto murió al terminar esta única hoja... cumplió con su promesa)
Oscar Luján
Nuestros Muertos
Hay muertos que matamos luego luego, que cubrimos con olvido forzado en paladas de tierra fresca, muertos que han dejado en las entrañas de la historia heridas profundas que tardan años en dejar de sangrar, bestias a las que el rencor revive en la memoria de lo que no debió ser. Estos muertos se niegan a irse, sobreviven décadas, pero al final queda de ellos un nombre ininteligible en una lápida oxidada.
Y hay muertos que jamás mueren, que solitos van y se posan en una peña a mirar desde la muerte cómo avanza la vida, cómo retrocede o se aniquila; muertos que solitos hablan por la boca de los que les sobreviven, que serán escuchados por los hijos de los que hablan por ellos, y los hijos de los hijos resucitarán a esos que han caído más allá de la noche y los días. A éstos los llamamos Nuestros Muertos, porque de sus huesos pulidos se levantan sueños truncos, sueños que debieron ser, sueños de ti y de mí. Son Nuestros Muertos porque de ellos venimos y hacia ellos vamos.
(Fragmento de "La guerrilla y la esperanza:Lucio Cabañas" de Armando Vega Gil, publicado en la revista eme-equis)
* Puedes leer el texto completo dando click en el título de esta entrada
Y hay muertos que jamás mueren, que solitos van y se posan en una peña a mirar desde la muerte cómo avanza la vida, cómo retrocede o se aniquila; muertos que solitos hablan por la boca de los que les sobreviven, que serán escuchados por los hijos de los que hablan por ellos, y los hijos de los hijos resucitarán a esos que han caído más allá de la noche y los días. A éstos los llamamos Nuestros Muertos, porque de sus huesos pulidos se levantan sueños truncos, sueños que debieron ser, sueños de ti y de mí. Son Nuestros Muertos porque de ellos venimos y hacia ellos vamos.
(Fragmento de "La guerrilla y la esperanza:Lucio Cabañas" de Armando Vega Gil, publicado en la revista eme-equis)
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De trenes
Todos sentados recorren una estación interminable, concientes e indiferentes a su destino fatal. Corre el tren y pasan las horas y los días. Sin embargo en ti cabe una angustia que no te deja, que te impulsa a negar tu fin, a desafanarte de lo que te toca; y es eso, la angustia, la que te mueve a seguir, a cuidarte… pero es eso! (el miedo) lo que te lleva a hacer las cosas bien. Y ves como caen uno a uno de los que viajan contigo, ves que se rinden, que aceptan su trágico final, ¿cómo es posible?!! Tú te niegas, no quieres toparte con esa mirada que te penetrará y acabará con todo lo que eres. Pero es la desesperación, es el ansia, es el gran temor lo que te motiva a luchar por la vida. Y no son las ganas, no es la convicción de seguir aquí, no es la alegría de seguir viva. No, no!! Es sólo el miedo a enfrentarte con la muerte, es sólo la evasión de tu fatalidad. Todos se dan cuenta que luchas, que te aferras a este mundo, a este vagón, a este espacio que se va vaciando; se admiran, entonces por momentos te hacen sentir grande y segura. Pero qué de grande tiene seguir sin compañía, qué valor puede tener el egoísmo de ver por ti, sólo por ti, siempre por ti, mientras todo lo demás se acaba poco a poco. ¿Qué no te das cuenta que te vas quedando sola? Sólo con tu angustia, tu miedo, tu desesperación, tu ansia, tu temor; porque sólo es eso, no te mueve nada más.
***
Todas las noches llega por mí un tren que se atreve a rebuscar mis memorias, no sé quién lo maneja, pero me conoce tan bien, que si me topara con esa persona la amaría para toda la vida y hasta le tendría un poco de temor.
Y ya va por aquí, y da vuelta hacia allá, recorre aquel camino… Por los pequeños ventanales voy mirando cada escena de mi vida, cada imagen se ve tan real, tan al alcance, que temo sacar mi mano y modificar algo del pasado. A veces es difícil resistirse a esa tentación, hay muchos de esos paisajes que quisiera cambiar; sin embargo, así pasó, así es y aún vive en mí y todo ello lo llevo conmigo siempre, me da forma, provoca mi existencia.
Me entretiene ver jugar a mis personajes, toda esa gente que es parte de mi historia y que sólo por eso la hago mía, aquellos también que nunca quise conocer, esos con los que me hubiera gustado profundizar y los que nunca existieron, pero que yo he creado para sobre llevar la realidad absurda.
Ahora voy de regreso y lloro, suplico al tren que se demore, que haga paradas en cada estación (tal vez alguien desee abordarlo y reconquistar mi vida de nuevo). Sin embargo va tan veloz que todo se difumina; ya no visualizo claramente, sólo veo cuerpos amorfos que se distorsionan con el tiempo y el espacio… Y estoy aquí de nuevo, un poco perdida pero viva, sencilla, vulnerable, con todo el sentimiento que golpea por dentro y me sigue presionando el pecho para salir y escabullirse por ahí, para jugar con algún ser complaciente que se encuentre perdido.
Si la velocidad de este tren me permite vislumbrar el paisaje que se abre ante mi rostro, si logro esquivar el humo que esta locomotora despide y que intenta volver a mi alma con intenciones de nublarla, si logro que mis personajes (los intrusos) se abstengan de guiar mi historia y que la improvisación converja con mis más íntimos ideales y experiencias; entonces sabré mirar al cielo y dar gracias.
***
Todas las noches llega por mí un tren que se atreve a rebuscar mis memorias, no sé quién lo maneja, pero me conoce tan bien, que si me topara con esa persona la amaría para toda la vida y hasta le tendría un poco de temor.
Y ya va por aquí, y da vuelta hacia allá, recorre aquel camino… Por los pequeños ventanales voy mirando cada escena de mi vida, cada imagen se ve tan real, tan al alcance, que temo sacar mi mano y modificar algo del pasado. A veces es difícil resistirse a esa tentación, hay muchos de esos paisajes que quisiera cambiar; sin embargo, así pasó, así es y aún vive en mí y todo ello lo llevo conmigo siempre, me da forma, provoca mi existencia.
Me entretiene ver jugar a mis personajes, toda esa gente que es parte de mi historia y que sólo por eso la hago mía, aquellos también que nunca quise conocer, esos con los que me hubiera gustado profundizar y los que nunca existieron, pero que yo he creado para sobre llevar la realidad absurda.
Ahora voy de regreso y lloro, suplico al tren que se demore, que haga paradas en cada estación (tal vez alguien desee abordarlo y reconquistar mi vida de nuevo). Sin embargo va tan veloz que todo se difumina; ya no visualizo claramente, sólo veo cuerpos amorfos que se distorsionan con el tiempo y el espacio… Y estoy aquí de nuevo, un poco perdida pero viva, sencilla, vulnerable, con todo el sentimiento que golpea por dentro y me sigue presionando el pecho para salir y escabullirse por ahí, para jugar con algún ser complaciente que se encuentre perdido.
Si la velocidad de este tren me permite vislumbrar el paisaje que se abre ante mi rostro, si logro esquivar el humo que esta locomotora despide y que intenta volver a mi alma con intenciones de nublarla, si logro que mis personajes (los intrusos) se abstengan de guiar mi historia y que la improvisación converja con mis más íntimos ideales y experiencias; entonces sabré mirar al cielo y dar gracias.
Ajenos vulnerables
México, país ubicado más o menos en el centro del continente americano, muy cerca de una voluminosa y poderosa concentración de güeros, pero también muy cerca de la historia maya de Guatemala, sin olvidar desde los salvadoreños hasta los argentinos, aunque así estemos acostumbrados...a olvidar, a creernos ajenos a las mutilaciones en oriente medio, a la enfermedad (literal y no) africana, a las largas y explotadoras jornadas laborales de China y, para no ir tan lejos, a los cientos de peruanos que murieron y siguen muriendo luego del terremoto de hace unos días.
Suponemos la tragedia como algo ajeno, algo ocurrido hace más de dos décadas; ya saben en 1985, o más para atrás, en el 71, en el 68, en 1910 y cien años antes...y es que no es suficiente con admirarnos y ver todo el noticiario, no son suficientes tres días de luto, ni mucho menos un avión cargado de providencias, siempre escasas ante la necesidad desesperada que se agota con el respiro. Y no lo es porque sólo abarca a unos cuantos, a esos que se saben parte del otro, parte de su temor, el que poco a poco también rebasa esta frontera.
Suponemos la tragedia como algo ajeno, algo ocurrido hace más de dos décadas; ya saben en 1985, o más para atrás, en el 71, en el 68, en 1910 y cien años antes...y es que no es suficiente con admirarnos y ver todo el noticiario, no son suficientes tres días de luto, ni mucho menos un avión cargado de providencias, siempre escasas ante la necesidad desesperada que se agota con el respiro. Y no lo es porque sólo abarca a unos cuantos, a esos que se saben parte del otro, parte de su temor, el que poco a poco también rebasa esta frontera.
A tiempo
El tiempo no se detiene, ahora ya pasaron cuatro segundos, cuando termine este párrafo y si la inspiración no me falta ya habrán pasado unos tres minutos tal vez, y sin embargo requeriré de días, quizá, para poner punto final al texto, aún con las ganas que tengo de que estas ideas fluyan, se vean proyectadas en tinta y no sean interrumpidas por un asunto del trabajo que ya veo venir.
Y es que no hay nada, absolutamente nada que no sea vulnerable al paso del tiempo, podemos evitar la luz o la total oscuridad, escondernos de la lluvia, del calor o el frío, pero del tiempo jamás, él es parejo, no sólo con todos, con todo!, con cualquier cosa que existe, visible o no. Y sin embargo, así como es tan imparcial, también es todo lo contrario, o nosotros mismos hacemos que parezca subjetivo, es decir, que a veces provocamos que un minuto pase tan tan lento, a cuenta gotas, o que de repente se haga noche sin haberte percatado del paso de las horas (ahora es cuando soy interrumpida, aunque sea fueron dos párrafos…ya vuelvo……………. Regresé, uuuf, ha pasado tanto, no hubiese querido que fuera así, pero en fin, al menos pude rescatar lo que ya llevaba escrito, a penas si tuve tiempo de guardar las pocas líneas que alcancé a redactar, y después de varios días regreso a lo presente). El tiempo entonces pasa y le hace falta a todos, cómo me encantaría que esa frase que usamos tanto de “Voy a hacer tiempo”, “Estuve haciendo tiempo”, “Tuve que hacer tiempo” u otras variaciones, en verdad fuera literal; seguramente todos nos dedicaríamos a hacer tiempo, tal vez hasta habría empresas dedicadas exclusivamente a eso. O, en todo caso, cada vez que se te hiciera tarde fabricarías tiempo para evitar la impuntualidad… hacer tiempo para que esa persona jamás se fuera, para que ese chocolate nunca se terminara, para que ese viaje fuera duradero.
Por eso lo que peleo, lo que aún no puedo concebir, es la falta de eso que todos sabemos qué es pero que resulta tan difícil definir, eso que tiene un nombre el cual nadie sabe a quién se le ocurrió, o por qué se determinó que de repente lo midiéramos en segundos, minutos, horas, días, semanas y todo lo que le sigue. Si al fin y al cabo el tiempo pasa lo midamos o no, y realmente nuestras mediciones casi nunca son exactas, no es exacto, por ejemplo, decir que una mujer tiene su periodo menstrual cada 28 días, que un bebé nacerá en 9 meses, que un mes tiene cuatro semanas o siquiera pensar que todo el mundo tiene la misma hora en su reloj. Y todo eso al tiempo no le importa, el fluye y fluye sin ningún tipo de intermitencia; se derrama por la vida de cada persona y va dando pie a sucesos buenos, malos, va marcando los rasgos físicos e interiores de la gente, sólo hace falta mirar tu álbum de fotos para saber que el tiempo, no sólo ya pasó, está pasando.
A ratos me encanta pensar que, si el tiempo de cualquier manera es, entonces por qué no darnos más de él. Así, me imagino despertar un día que no va a durar 24, sino 48 horas - tal vez tendríamos menos días, pero más tiempo-entonces levantarme, ir a trabajar mis nueve horas correspondientes, comer tranquilamente, quizá dormir una siesta de tres horas, ir a visitar un museo, platicar con la familia o un amigo, pasear por la ciudad y, después de un rato de esparcimiento, realizar otros deberes rutinarios (el banco, la ropa, escombrar, estudiar, organizar papeles, mandar mails…) y saber que terminando de hacer todo ello aún me dará tiempo de leer y de dormir las horas necesarias como para realizar el itinerario del día siguiente sin ningún pestañeo.
Y pienso también en el trato tan diferente que nos daríamos entre nosotros, porque sabemos muy bien odiar a quien nos quita el tiempo, la persona que nos entretiene sabe que va a recibir un mal gesto de nuestra parte o que en ocasiones pensamos dos veces en ayudar a alguien en aprietos porque no tenemos tiempo de detenernos. Con más tiempo entonces, creo que no nos importaría tanto, por ejemplo, echarle la mano a un encuestador para que te haga una de esas entrevistas largas y tediosas o ayudar a una persona mayor a cruzar la calle, tal vez detenernos a preguntarle a alguien si se siente bien o si está perdido, o permitirnos el tiempo para dar los buenos días a la chica de la taquilla del metro sabiendo que ella te contestará amablemente y no sólo te aventará los boletos y las monedas que te sobran para atender de manera inmediata a la siguiente persona.
No sé, simplemente darnos tiempo para observar, para alimentar una amistad y crear otras cuantas, amar, sentir y no dejar pasar detalles importantes que puedan cambiar nuestro día, o nuestra vida quizá; no dejarnos vencer por el sueño cuando hay una hazaña esperándonos, pero permitirnos también soñar en su momento; en fin, dejar a un lado la apatía y la indiferencia que la falta de tiempo provoca. Ojalá haya (halle) tiempo, o mejor, ojalá que el tiempo que me ha sido concedido no sea sólo tiempo perdido.
Y es que no hay nada, absolutamente nada que no sea vulnerable al paso del tiempo, podemos evitar la luz o la total oscuridad, escondernos de la lluvia, del calor o el frío, pero del tiempo jamás, él es parejo, no sólo con todos, con todo!, con cualquier cosa que existe, visible o no. Y sin embargo, así como es tan imparcial, también es todo lo contrario, o nosotros mismos hacemos que parezca subjetivo, es decir, que a veces provocamos que un minuto pase tan tan lento, a cuenta gotas, o que de repente se haga noche sin haberte percatado del paso de las horas (ahora es cuando soy interrumpida, aunque sea fueron dos párrafos…ya vuelvo……………. Regresé, uuuf, ha pasado tanto, no hubiese querido que fuera así, pero en fin, al menos pude rescatar lo que ya llevaba escrito, a penas si tuve tiempo de guardar las pocas líneas que alcancé a redactar, y después de varios días regreso a lo presente). El tiempo entonces pasa y le hace falta a todos, cómo me encantaría que esa frase que usamos tanto de “Voy a hacer tiempo”, “Estuve haciendo tiempo”, “Tuve que hacer tiempo” u otras variaciones, en verdad fuera literal; seguramente todos nos dedicaríamos a hacer tiempo, tal vez hasta habría empresas dedicadas exclusivamente a eso. O, en todo caso, cada vez que se te hiciera tarde fabricarías tiempo para evitar la impuntualidad… hacer tiempo para que esa persona jamás se fuera, para que ese chocolate nunca se terminara, para que ese viaje fuera duradero.
Por eso lo que peleo, lo que aún no puedo concebir, es la falta de eso que todos sabemos qué es pero que resulta tan difícil definir, eso que tiene un nombre el cual nadie sabe a quién se le ocurrió, o por qué se determinó que de repente lo midiéramos en segundos, minutos, horas, días, semanas y todo lo que le sigue. Si al fin y al cabo el tiempo pasa lo midamos o no, y realmente nuestras mediciones casi nunca son exactas, no es exacto, por ejemplo, decir que una mujer tiene su periodo menstrual cada 28 días, que un bebé nacerá en 9 meses, que un mes tiene cuatro semanas o siquiera pensar que todo el mundo tiene la misma hora en su reloj. Y todo eso al tiempo no le importa, el fluye y fluye sin ningún tipo de intermitencia; se derrama por la vida de cada persona y va dando pie a sucesos buenos, malos, va marcando los rasgos físicos e interiores de la gente, sólo hace falta mirar tu álbum de fotos para saber que el tiempo, no sólo ya pasó, está pasando.
A ratos me encanta pensar que, si el tiempo de cualquier manera es, entonces por qué no darnos más de él. Así, me imagino despertar un día que no va a durar 24, sino 48 horas - tal vez tendríamos menos días, pero más tiempo-entonces levantarme, ir a trabajar mis nueve horas correspondientes, comer tranquilamente, quizá dormir una siesta de tres horas, ir a visitar un museo, platicar con la familia o un amigo, pasear por la ciudad y, después de un rato de esparcimiento, realizar otros deberes rutinarios (el banco, la ropa, escombrar, estudiar, organizar papeles, mandar mails…) y saber que terminando de hacer todo ello aún me dará tiempo de leer y de dormir las horas necesarias como para realizar el itinerario del día siguiente sin ningún pestañeo.
Y pienso también en el trato tan diferente que nos daríamos entre nosotros, porque sabemos muy bien odiar a quien nos quita el tiempo, la persona que nos entretiene sabe que va a recibir un mal gesto de nuestra parte o que en ocasiones pensamos dos veces en ayudar a alguien en aprietos porque no tenemos tiempo de detenernos. Con más tiempo entonces, creo que no nos importaría tanto, por ejemplo, echarle la mano a un encuestador para que te haga una de esas entrevistas largas y tediosas o ayudar a una persona mayor a cruzar la calle, tal vez detenernos a preguntarle a alguien si se siente bien o si está perdido, o permitirnos el tiempo para dar los buenos días a la chica de la taquilla del metro sabiendo que ella te contestará amablemente y no sólo te aventará los boletos y las monedas que te sobran para atender de manera inmediata a la siguiente persona.
No sé, simplemente darnos tiempo para observar, para alimentar una amistad y crear otras cuantas, amar, sentir y no dejar pasar detalles importantes que puedan cambiar nuestro día, o nuestra vida quizá; no dejarnos vencer por el sueño cuando hay una hazaña esperándonos, pero permitirnos también soñar en su momento; en fin, dejar a un lado la apatía y la indiferencia que la falta de tiempo provoca. Ojalá haya (halle) tiempo, o mejor, ojalá que el tiempo que me ha sido concedido no sea sólo tiempo perdido.
EL COMIC Y LA ILUSTRACION...a través de los trazos de un experto
“Me emociona contar cosas sin pretensiones, el no tenerle miedo a los espacios vacíos ni a las áreas mínimas, el constar que lo que pienso y lo que imagino queda en papel y es un retrato dibujado de mi mismo”...
En una sociedad como la nuestra, a la cual le gusta digerir cosas sencillas y atractivas, las líneas, curvas y colores reposados en un espacio virgen son una respuesta a nuestras exigencias de captación. Expresiones como la ilustración (plasmada en revistas, libros, publicidad, etc.) y el cómic resultan, entonces, un escaparate bastante apetitoso para nuestra imaginación.
* * * * * * * * * *
“La poca familiaridad que la gente tiene con el cómic les impide leerlo con cuidado y cuando es demasiado tarde se dan cuenta de que son discursos polémicos, esto puede parecer desventaja pero al mismo tiempo es una ventaja para los autores porque puedes jugar con esa clase de ingenuidad e ignorancia de pensar que los cómics son sólo monitos y aventuras, y da gusto poder colar alguna clase de bofetada a cualquier culpable o víctima que se te ocurra”, comenta Patricio Betteo, diseñador gráfico mexicano, respecto a las mañas y trucos que suelen usar los autores en sus discursos y dibujos para plasmar su visión en la historieta.
* * * * * * * * * *
¿Qué tanto permites que delimiten tu trabajo y cómo te vas adaptando a las cosas que te piden?
“Yo soy bastante necio y creo que para trabajo dirigido y supervisado está la ilustración porque es un medio gráfico en el que estás trabajando en sintonía con alguien más, pero cuando yo veo que la dirección viene por parte de una persona que no está en lo mismo que yo, empiezo a desconfiar porque el producto no va a ser de mutuo acuerdo, sino que va a ser una imposición. Y aunque en algunas situaciones si he “mordido el dedo” y he cedido porque necesito la “lana”, la mayoría de veces pienso que no vale la pena. En la historieta las intervenciones no me caen muy bien porque sé que yo soy capaz de resolver tanto la parte del guión como la del dibujo.
Al final, me he quedado con los clientes que menos se meten con mi trabajo, o bien, que tienen una buena dirección de arte, la dirección de arte debe tener en cuenta que el autor esta teniendo un discurso propio”.
“La historieta para mí siempre ha sido como un oasis creativo”
En una sociedad como la nuestra, a la cual le gusta digerir cosas sencillas y atractivas, las líneas, curvas y colores reposados en un espacio virgen son una respuesta a nuestras exigencias de captación. Expresiones como la ilustración (plasmada en revistas, libros, publicidad, etc.) y el cómic resultan, entonces, un escaparate bastante apetitoso para nuestra imaginación.
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“La poca familiaridad que la gente tiene con el cómic les impide leerlo con cuidado y cuando es demasiado tarde se dan cuenta de que son discursos polémicos, esto puede parecer desventaja pero al mismo tiempo es una ventaja para los autores porque puedes jugar con esa clase de ingenuidad e ignorancia de pensar que los cómics son sólo monitos y aventuras, y da gusto poder colar alguna clase de bofetada a cualquier culpable o víctima que se te ocurra”, comenta Patricio Betteo, diseñador gráfico mexicano, respecto a las mañas y trucos que suelen usar los autores en sus discursos y dibujos para plasmar su visión en la historieta.
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¿Qué tanto permites que delimiten tu trabajo y cómo te vas adaptando a las cosas que te piden?
“Yo soy bastante necio y creo que para trabajo dirigido y supervisado está la ilustración porque es un medio gráfico en el que estás trabajando en sintonía con alguien más, pero cuando yo veo que la dirección viene por parte de una persona que no está en lo mismo que yo, empiezo a desconfiar porque el producto no va a ser de mutuo acuerdo, sino que va a ser una imposición. Y aunque en algunas situaciones si he “mordido el dedo” y he cedido porque necesito la “lana”, la mayoría de veces pienso que no vale la pena. En la historieta las intervenciones no me caen muy bien porque sé que yo soy capaz de resolver tanto la parte del guión como la del dibujo.
Al final, me he quedado con los clientes que menos se meten con mi trabajo, o bien, que tienen una buena dirección de arte, la dirección de arte debe tener en cuenta que el autor esta teniendo un discurso propio”.
“La historieta para mí siempre ha sido como un oasis creativo”
La anécdota:
En una revista me dieron un espacio de historieta en el que se me ocurrió parodiar cuentos clásicos siempre acorde con el tema de portada. El primer tema fue de los sueños y ahí escogí “Alicia en el País de las Maravillas” por ser un tema muy onírico, ahí no hubo bronca. El siguiente tema fue Dios (fue justo el peor tema que me pudo haber tocado para experimentar) ahí escogí “El Mago de Oz” modificándolo a “El Mago Dios”, la idea fue jugar con la imagen de Dios como el Mago y le destiné religiones distintas a cada personaje... Los lectores brincaron, se quejaron y se canceló la sección.
Ahí lo que me cortó fue el miedo de la editorial a perder ventas; es increíble como una revista que saca un especial de sexo cada seis meses da el grito en el cielo por poner al hombre de hojalata cantando “La Guadalupana” por el camino amarillo.
Al final pensé que fue buena la cancelación antes de que empezaran a corregirme, sé que en otra oportunidad continuaré este concepto.
Cuando vas conociendo el trabajo de un autor, te das cuenta que tiene un toque especial, algunas características que lo distingue de los demás, al respecto Betteo comentó: “El estilo no lo buscas, el te encuentra; mientras más lo buscas más te frustras. El estilo es tu voz, tu personalidad y en el dibujo te tienes que ejercitar lo suficiente para que tu creatividad no se contamine por tus frustraciones técnicas. En definitiva, quien no tiene estilo es porque no ha dibujado lo suficiente o porque está buscándolo demasiado”.
Algo que también tiene que ver con el estilo de cada autor son las influencias que ha tenido desde pequeño: “Hace tiempo leí un agradecimiento de un historietista que decía ‘le agradezco a mi mamá por no haberme tirado mis historietas’... y es tan cierto esto, porque puede ser un monstruo al que se enfrentan algunos, el hecho de que en su propia casa no haya un aire de libertad para promover el gusto por la gráfica.
Afortunadamente en mi casa siempre hubo cómics, yo crecí leyendo a Mafalda y algunos súper héroes ya en la adolescencia, y en concreto, autores que me han marcado son, por ejemplo, Miñola, Kino y otros descubrimientos de autoras y autores europeos.
¿Cuál es tu proceso para la creación de una historieta?
“Consta de dos partes:
En cuanto a narrativa, empezar algo que dé pie a contar lo que pasa después; es también cuestión de autocomplacencia: que a mí mismo me inspire y que, por tanto, lo quiera continuar.
Y en cuanto a gráfica, que es lo que mas me seduce, debe ser algo original, mientras más original sea mi trabajo hay menos posibilidades de que se vea como un modo generalizado de dibujar, y eso me inspira.
Cuando no me siento estimulado en la narrativa, dejo que las imágenes hablen por si mismas y aunque carezca de lógica, la va a haber intrínsecamente por el simple hecho de que estoy dibujando lo que me gusta y esto tiene concordancia con lo que soy”.
“Suelo regodearme de más en el lado ilustrativo y esto tiende a frenar mis historias, pero me niego a dejar de lado ese gusto que tengo por ver cada imagen como una ilustración y no como un momento en el tiempo”
* * * * * * * * * *
El tema de la historieta en México resulta un tanto oscuro, he aquí la opinión de Patricio, quien ha participado como ilustrador e historietista en publicaciones como La Mosca, QUO, Switch, Cinepremiere, Rolling Stone México, Nexos, Expansión, entre otras: “El curso de la historieta depende, primero, de los autores, que a través de nuestras creaciones fomentemos una cultura historietística. Y obviamente, el punta pie inicial debe venir por parte de los capitalistas, porque cuando el terreno es tan árido, únicamente el capitalista es el que puede empezar a propulsarlo con ganas, porque la obra ya existe. Pero desgraciadamente, quienes tienen la posibilidad de hacer crecer un medio tan hermoso como es la historieta les vale madre.”
“Otra cosa que me preocupa es el contagio que existe de los Estados Unidos y de las estéticas japonesas que distraen demasiado al autor mexicano. Estoy a favor de las influencias, pero fuera del ‘quisiera ser como...’. Tienes que echarte un clavado a tu propia historia, a tus propias raíces y a partir de ellas generar algo nuevo, que va a ser bueno y va a ser tuyo.”
La aportación:
Yo aporto una visión particular que los años y las generaciones dirán si se
queda en alguien. Pero hoy por hoy, lo que estoy aportando únicamente
es mi voz y el constar que lo que pienso y lo que imagino queda en papel y
es un retrato dibujado de Patricio Betteo.
¿Qué sigue contigo?
“Mmm...ojalá supiera, pero si me obligas a contestar: no quiero dejar de dibujar nunca, se que voy a necesitar del dibujo para ser feliz; tal vez pintar, las formas tridimensionales, la música o escribir, pero siempre relacionado con la onda dibujística.
El trabajo de ilustrador puede ser agotador porque eres como un freelance de por vida y esto es preocupante a la hora de echar raíces, por eso quiero crear proyectos autosuficientes y vivir sólo de eso, y al cómic, por ser algo tan autónomo, lo veo como una posibilidad”.
El mensaje:
Para todos aquellos que quieren ser, autores, historietistas, artistas, etcétera: cualquier manifestación artística requiere de mucha autocrítica, es decir, siempre ver tu trabajo con los pies sobre la tierra, siempre pedirte más, tener los ojos muy abiertos para saber que eres capaz y que no eres capaz de hacer. No arriesgarte a la mediocridad sino esperar tu momento en la vida para hacer bien las cosas.
La última y nos vamos, ¿la vida es una historieta?
“No, no creo eso; la vida puede ayudarte a suplir faltas en el mundo imaginario, tienes que absorber cosas de la vida para crear historietas, pero eliminaría la palabra historieta y hablaría del arte en general: la vida es arte en el momento en el que tú usas el arte para retratarla...”
Filos Y Sofía
Sofía:
Ayer me preguntaste por qué esas dos chicas se besaban, noté en tu expresión cierto asombro y curiosidad y supe entonces que el entorno comenzaba a contagiarte de meros prejuicios; no llegaste al grado de desprecio, repulsión y morbo con que la demás gente miraba aquella escena.
Pero antes de que esto pase, quiero que sepas que el humano, no el hombre o la mujer, el humano encuentra distintas formas de percibir el mundo, y las circunstancias, los amigos, la familia, las personas con las que se topa durante su caminar le permiten abrir puertas interiores para descubrirse, para encontrar su equilibrio, su esencia, pero sólo en sí mismo debe hallarse la valentía para proyectar la persona que es y saber arriesgarse para vivir realmente, con su propia visión, sabiendo que no siempre encontrará comunión con los demás, pero siempre exigiendo el respeto que él mismo es capaz de mostrar.
No te asustes porque algunos se aman, preocúpate más bien cuando a la capacidad de amar no le quede ni su rastro. El amar es una necesidad que, sobre todo en estos tiempos, pocos se atreven a indagar; lo cierto es que nadie te obligará a amar a alguien y no será posible tampoco que te prohíban sentir algo especial por cierta persona. Eso sólo se da y tú lo sabrás reconocer.
“Porque es una forma de demostrarse el afecto que las une” te contesté; no intentes comprender la atracción de géneros, simplemente sé sincera con lo que sientes, con lo que te hace feliz, en la medida que apliques esto podrás dejar de cuestionar, de sectorizar y entenderás que todos somos tan iguales como diferentes y que la forma en que amas es tan natural como el estilo de vida que forja cada persona para sentirse plena.
Esperando que estas líneas sirvan para que en adelante no se pidan ni se deban dar más explicaciones de algo que, sabemos, existe, o que al menos haga de ti una persona más libre, sin tabúes ni ataduras, te la deja afectuosamente tu hermano: Filos
Ayer me preguntaste por qué esas dos chicas se besaban, noté en tu expresión cierto asombro y curiosidad y supe entonces que el entorno comenzaba a contagiarte de meros prejuicios; no llegaste al grado de desprecio, repulsión y morbo con que la demás gente miraba aquella escena.
Pero antes de que esto pase, quiero que sepas que el humano, no el hombre o la mujer, el humano encuentra distintas formas de percibir el mundo, y las circunstancias, los amigos, la familia, las personas con las que se topa durante su caminar le permiten abrir puertas interiores para descubrirse, para encontrar su equilibrio, su esencia, pero sólo en sí mismo debe hallarse la valentía para proyectar la persona que es y saber arriesgarse para vivir realmente, con su propia visión, sabiendo que no siempre encontrará comunión con los demás, pero siempre exigiendo el respeto que él mismo es capaz de mostrar.
No te asustes porque algunos se aman, preocúpate más bien cuando a la capacidad de amar no le quede ni su rastro. El amar es una necesidad que, sobre todo en estos tiempos, pocos se atreven a indagar; lo cierto es que nadie te obligará a amar a alguien y no será posible tampoco que te prohíban sentir algo especial por cierta persona. Eso sólo se da y tú lo sabrás reconocer.
“Porque es una forma de demostrarse el afecto que las une” te contesté; no intentes comprender la atracción de géneros, simplemente sé sincera con lo que sientes, con lo que te hace feliz, en la medida que apliques esto podrás dejar de cuestionar, de sectorizar y entenderás que todos somos tan iguales como diferentes y que la forma en que amas es tan natural como el estilo de vida que forja cada persona para sentirse plena.
Esperando que estas líneas sirvan para que en adelante no se pidan ni se deban dar más explicaciones de algo que, sabemos, existe, o que al menos haga de ti una persona más libre, sin tabúes ni ataduras, te la deja afectuosamente tu hermano: Filos
Iosl Rákover habla a Dios. (Zvi Kolitz)
La imagen de casas, autos y cuentas bancarias es la que viaja a la mente de cualquiera cuando pronunciamos testamento, pero ¿será que hemos aprendido a separar completamente lo físico de lo intangible? Iosl Rákover quiso destrozar esta costumbre cuando lo único que dejó en el suyo fue la frustración, el miedo (aunque poco), y la espera de un final que se representaba con bombas, tanques y nazis nunca saciados de muerte.
Palabras escritas viajando en botellas como única alternativa para huir, pero sobre todo para creer que alguien sabrá de su existencia, de esa existencia que él no eligió y que confunde su cerebro y su fe, no porque ya no la sienta, sino porque no la comprende. No comprende a un Dios testigo inmóvil de la sangre y la desventaja.
En medio de muros y ventanas que pronto no estarán, extraña al sol, aunque sabe que su luz traiciona a los ocultos judíos, observa a su hija de diez años buscar un pan sumergido en la basura y a los armados intercambiándolo por sangre. Prepara su muerte planeando la de otros con la ayuda de tres botellas de bencina, su única defensa contra el mundo bélico. Así, las respiraciones se hacen menos en cada disparo, y la soledad es reemplazada por la presencia de la muerte que, para algunos, representa la libertad.
Por supuesto, la segunda guerra mundial no resta maldad ni enjuga las manos de los miles de Hitlers que han creado y destruido con sus guerras, fracciones enteras de un mundo que parece ser guiado por la insensibilidad.
Este relato no exagera en ninguno de sus detalles y aunque la esencia es dolorosa y cruel, no es contada con tono frágil. Claro que la narrativa es dura, sin embargo, el calor del sentir humano al pensar en el sufrimiento otorga a la obra complejidad que se analiza, así como cada nueva noticia en el mundo, noticias que descritas por Iosl son heridas reabiertas a diario, heridas de hambre, de sed, de abuso.
Encontrar este escrito movilizó mentes que lo catalogaron como joya literaria, sobre todo por la enseñanza de una fe inquebrantable, y es que realmente impresiona la capacidad de creer de un judío que se empeña en hacerlo aunque su Dios parezca desear lo contrario.
Quizá esta es la razón por la que muchos se aferraron a la idea de un relato anónimo, de una historia contada por la experiencia personal, que después de traducciones, correcciones e indagaciones curiosas reveló una verdad no deseada: Iosl Rákover sufrió y murió sólo en la mente de un periodista y agente secreto, Zvi Kolitz, que estando en Buenos Aires utilizó su sentido común para reflejar en estas páginas la historia de miles de historias.
Iosl Rákover habla a Dios es, sin duda, una obra literaria excelente, que por sus inmensas semejanzas con la realidad del mundo impetuoso y hostil en el que vivimos, dificulta creer que es sólo una invención. Pero es aquí donde la libertad del lector comienza, ya que historias realmente dolorosas y penetrantes de almas pueden ser escritas por cientos, sin embargo, nunca ganará el pensamiento y la imaginación a la crueldad y a el terror que sólo los humanos podemos crear.
Mientras leía pensaba en las guerras con armas y en las que no lo son, pero que no abandonan la violencia, pensé en Dios, pero concluí con más dudas, ¿será la guerra manifestación de su grandeza?
Es por eso que el nombre de un autor realmente no importa después de ser testigos de la destrucción progresiva. No sólo en el 42 ó 45, sino ahora, 60 años después, parecen no servir de nada las armas ni la inteligencia nacional cuando la revelación de la naturaleza nos aplasta como una pisada al pasto.
Es increíble el poder de la lectura para desplegar ideas, que aunque parecen desconectadas no lo están. Así como la obra de Zvi Koilitz produjo, indirectamente, muchas más, mi pensamiento encadena palabras, reflexiones, dudas.
Debo reconocer que la historia de la búsqueda del creador de Iosl Rákover me pareció realmente enredada, pero sin ella no podría concluir diciendo que el rostro de Dios no se ha escondido, y que si estas páginas se produjeron en una tranquila habitación de hotel, ¿qué podría esperarse en medio de un espacio en la guerra?
Palabras escritas viajando en botellas como única alternativa para huir, pero sobre todo para creer que alguien sabrá de su existencia, de esa existencia que él no eligió y que confunde su cerebro y su fe, no porque ya no la sienta, sino porque no la comprende. No comprende a un Dios testigo inmóvil de la sangre y la desventaja.
En medio de muros y ventanas que pronto no estarán, extraña al sol, aunque sabe que su luz traiciona a los ocultos judíos, observa a su hija de diez años buscar un pan sumergido en la basura y a los armados intercambiándolo por sangre. Prepara su muerte planeando la de otros con la ayuda de tres botellas de bencina, su única defensa contra el mundo bélico. Así, las respiraciones se hacen menos en cada disparo, y la soledad es reemplazada por la presencia de la muerte que, para algunos, representa la libertad.
Por supuesto, la segunda guerra mundial no resta maldad ni enjuga las manos de los miles de Hitlers que han creado y destruido con sus guerras, fracciones enteras de un mundo que parece ser guiado por la insensibilidad.
Este relato no exagera en ninguno de sus detalles y aunque la esencia es dolorosa y cruel, no es contada con tono frágil. Claro que la narrativa es dura, sin embargo, el calor del sentir humano al pensar en el sufrimiento otorga a la obra complejidad que se analiza, así como cada nueva noticia en el mundo, noticias que descritas por Iosl son heridas reabiertas a diario, heridas de hambre, de sed, de abuso.
Encontrar este escrito movilizó mentes que lo catalogaron como joya literaria, sobre todo por la enseñanza de una fe inquebrantable, y es que realmente impresiona la capacidad de creer de un judío que se empeña en hacerlo aunque su Dios parezca desear lo contrario.
Quizá esta es la razón por la que muchos se aferraron a la idea de un relato anónimo, de una historia contada por la experiencia personal, que después de traducciones, correcciones e indagaciones curiosas reveló una verdad no deseada: Iosl Rákover sufrió y murió sólo en la mente de un periodista y agente secreto, Zvi Kolitz, que estando en Buenos Aires utilizó su sentido común para reflejar en estas páginas la historia de miles de historias.
Iosl Rákover habla a Dios es, sin duda, una obra literaria excelente, que por sus inmensas semejanzas con la realidad del mundo impetuoso y hostil en el que vivimos, dificulta creer que es sólo una invención. Pero es aquí donde la libertad del lector comienza, ya que historias realmente dolorosas y penetrantes de almas pueden ser escritas por cientos, sin embargo, nunca ganará el pensamiento y la imaginación a la crueldad y a el terror que sólo los humanos podemos crear.
Mientras leía pensaba en las guerras con armas y en las que no lo son, pero que no abandonan la violencia, pensé en Dios, pero concluí con más dudas, ¿será la guerra manifestación de su grandeza?
Es por eso que el nombre de un autor realmente no importa después de ser testigos de la destrucción progresiva. No sólo en el 42 ó 45, sino ahora, 60 años después, parecen no servir de nada las armas ni la inteligencia nacional cuando la revelación de la naturaleza nos aplasta como una pisada al pasto.
Es increíble el poder de la lectura para desplegar ideas, que aunque parecen desconectadas no lo están. Así como la obra de Zvi Koilitz produjo, indirectamente, muchas más, mi pensamiento encadena palabras, reflexiones, dudas.
Debo reconocer que la historia de la búsqueda del creador de Iosl Rákover me pareció realmente enredada, pero sin ella no podría concluir diciendo que el rostro de Dios no se ha escondido, y que si estas páginas se produjeron en una tranquila habitación de hotel, ¿qué podría esperarse en medio de un espacio en la guerra?
La marcha de la humanidad
La humanidad ha iniciado su marcha. La tierra es ancha y tiene que poblar a su soledad con rumores, con brazos que se entrecruzan, con cuerpos que se multiplican, con bocas que suben desde el suspiro. Al grito del gemido pasa el canto.
Llegó una nueva raza al mundo abierto de los ríos, el hombre se enfrenta a su hermano, lo somete, lo sojuzga, lo esclaviza. La antigua ley se ha roto para siempre, las leyendas se cumplen.
El viento trae las cenizas de algún incendio. El olor del miedo opaca el brillo de la mañana. Nuestros hombres se marchan.
Ahora pronunciamos las palabras con temor, en voz baja añoramos las risas, ahora sólo cantamos desde el húmedo fondo de las minas, sólo nos asomamos a la noche oscura. Hemos extraviado la ruta del cielo.
Nadie pudo recordar nuestros nombres, después el viento borró nuestros rostros, el idioma del agua fue enterrando las voces, las claves se perdieron, el silencio se cubrió de sangre.
Madre de los metales, tu oro sagrado transpira dioses nuevos que no se apiadan de nuestro temor. Marchamos otra vez con los niños cargados en la espalda, con los sueños amarrados al hombro desandando las altas soledades donde suspira el trueno.
Pero estamos aquí para contar la historia, para buscar en el brillo del sol nuevas respuestas, para crecer desde el maíz con una nueva esperanza.
¡Adelante! adelante por este camino interminable que es la gran aventura de nuestra vida.
La marcha de la humanidad es una marcha total impulsada por el tremendo anhelo de superación que tiene el hombre.
Ahí está, pues, nuestro hombre, el hombre nuestro, miserable, pero caminando, caminando hacia un futuro preciso, hacia la transformación de su vida material que le dará bases para su transformación espiritual.
Nuestra marcha empieza por los periodos más crueles. Empieza con el periodo de la situación de los negros que son trasladados a América para esclavizarlos y para sustituir una mano de obra que, en gran parte, era rebelde, que no se quería someter al invasor. Una raza indómita, una raza que después participó de una manera extraordinaria y de valor inmenso en la Revolución Mexicana; los yaquis, por ejemplo, y tantas otras razas que no se sometieron nunca y que no se han sometido todavía.
Y continúa así nuestra marcha, no se detiene, y el hombre y la mujer se unen también y forman una nueva raza, una raza diferente, rica, que recibe todas las virtudes de la raza indígena y todas las virtudes de la raza española, su heroísmo, su voluntad de lucha y su gran imaginación.
Continua, pues, adelante. La marcha sigue adelante. Es necesario tomar las armas para independizarnos y ahí va, pues, nuestra tropa nueva, con los brazos en alto, levantados, diciendo: ¡Combatiremos a quien nos combata, pero estamos luchando por la paz!
Hemos conquistado muchas cosas, pero nos falta todavía mucho por conquistar. Hemos transformado a nuestro hombre, pero nos falta mucho por transformar. Viene una marcha nueva, vacilante.
Hemos sido vencidos y hemos sido derrotados. Hay indecisión, cansancio. Parece que estaban buscando algo más allá de las posibilidades de su mundo, pero se reaniman de nuevo, vuelven de nuevo a tener entusiasmo, vuelven a tener fe, surgen por diferentes partes quienes dicen:
¡No es suficiente!, ¡No basta! Los grandes movimientos no se detienen, toman nuevas capas y toman nuevos momentos en la lucha. ¡Sigamos adelante!
Se recupera la fe, otra vez la fe. Aparece el dirigente nuevo, quien indica el camino, que grita ¡Adelante!, ¡Adelante!, ¡No nos detengamos!
La marcha de la humanidad y la marcha de la humanidad concreta en México.
¡Sigamos adelante!, ¡Vamos a terminar con esta batalla! No está concluida, nuevas condiciones históricas, nacionales e internacionales nos obligan a comprender las cosas de otra manera.
Lo que hemos hecho está bien, pero también hemos falsificado y dominado muchos de nuestros principios, pero ¡Adelante!, ¡Adelante de nuevo!
El hombre y la mujer de México y de toda América unidos en esta lucha no tendrá exactamente el mismo programa, será un programa mejor, más completo, que partirá de nuestros grandes y muy serios fracasos.
Nuestra Revolución no es una revolución cerrada, es una revolución que camina, que marcha hacia un nuevo destino y hacia una nueva vida.
Esta es la marcha de la humanidad que estamos presenciando.
La Marcha de la Humanidad, el mural más grande del mundo.
2,400 m2 de arte tridimensional
David Alfaro Sequeiros
Llegó una nueva raza al mundo abierto de los ríos, el hombre se enfrenta a su hermano, lo somete, lo sojuzga, lo esclaviza. La antigua ley se ha roto para siempre, las leyendas se cumplen.
El viento trae las cenizas de algún incendio. El olor del miedo opaca el brillo de la mañana. Nuestros hombres se marchan.
Ahora pronunciamos las palabras con temor, en voz baja añoramos las risas, ahora sólo cantamos desde el húmedo fondo de las minas, sólo nos asomamos a la noche oscura. Hemos extraviado la ruta del cielo.
Nadie pudo recordar nuestros nombres, después el viento borró nuestros rostros, el idioma del agua fue enterrando las voces, las claves se perdieron, el silencio se cubrió de sangre.
Madre de los metales, tu oro sagrado transpira dioses nuevos que no se apiadan de nuestro temor. Marchamos otra vez con los niños cargados en la espalda, con los sueños amarrados al hombro desandando las altas soledades donde suspira el trueno.
Pero estamos aquí para contar la historia, para buscar en el brillo del sol nuevas respuestas, para crecer desde el maíz con una nueva esperanza.
¡Adelante! adelante por este camino interminable que es la gran aventura de nuestra vida.
La marcha de la humanidad es una marcha total impulsada por el tremendo anhelo de superación que tiene el hombre.
Ahí está, pues, nuestro hombre, el hombre nuestro, miserable, pero caminando, caminando hacia un futuro preciso, hacia la transformación de su vida material que le dará bases para su transformación espiritual.
Nuestra marcha empieza por los periodos más crueles. Empieza con el periodo de la situación de los negros que son trasladados a América para esclavizarlos y para sustituir una mano de obra que, en gran parte, era rebelde, que no se quería someter al invasor. Una raza indómita, una raza que después participó de una manera extraordinaria y de valor inmenso en la Revolución Mexicana; los yaquis, por ejemplo, y tantas otras razas que no se sometieron nunca y que no se han sometido todavía.
Y continúa así nuestra marcha, no se detiene, y el hombre y la mujer se unen también y forman una nueva raza, una raza diferente, rica, que recibe todas las virtudes de la raza indígena y todas las virtudes de la raza española, su heroísmo, su voluntad de lucha y su gran imaginación.
Continua, pues, adelante. La marcha sigue adelante. Es necesario tomar las armas para independizarnos y ahí va, pues, nuestra tropa nueva, con los brazos en alto, levantados, diciendo: ¡Combatiremos a quien nos combata, pero estamos luchando por la paz!
Hemos conquistado muchas cosas, pero nos falta todavía mucho por conquistar. Hemos transformado a nuestro hombre, pero nos falta mucho por transformar. Viene una marcha nueva, vacilante.
Hemos sido vencidos y hemos sido derrotados. Hay indecisión, cansancio. Parece que estaban buscando algo más allá de las posibilidades de su mundo, pero se reaniman de nuevo, vuelven de nuevo a tener entusiasmo, vuelven a tener fe, surgen por diferentes partes quienes dicen:
¡No es suficiente!, ¡No basta! Los grandes movimientos no se detienen, toman nuevas capas y toman nuevos momentos en la lucha. ¡Sigamos adelante!
Se recupera la fe, otra vez la fe. Aparece el dirigente nuevo, quien indica el camino, que grita ¡Adelante!, ¡Adelante!, ¡No nos detengamos!
La marcha de la humanidad y la marcha de la humanidad concreta en México.
¡Sigamos adelante!, ¡Vamos a terminar con esta batalla! No está concluida, nuevas condiciones históricas, nacionales e internacionales nos obligan a comprender las cosas de otra manera.
Lo que hemos hecho está bien, pero también hemos falsificado y dominado muchos de nuestros principios, pero ¡Adelante!, ¡Adelante de nuevo!
El hombre y la mujer de México y de toda América unidos en esta lucha no tendrá exactamente el mismo programa, será un programa mejor, más completo, que partirá de nuestros grandes y muy serios fracasos.
Nuestra Revolución no es una revolución cerrada, es una revolución que camina, que marcha hacia un nuevo destino y hacia una nueva vida.
Esta es la marcha de la humanidad que estamos presenciando.
La Marcha de la Humanidad, el mural más grande del mundo.
2,400 m2 de arte tridimensional
David Alfaro Sequeiros
Desde la ciudad
¿Qué hay pa?
Hace largo rato que tú y yo ya no estamos juntos, es increíble que a pesar de la tecnología tengamos una imagen, tú de mí y yo de ti, igual que la de hace ocho años; porque una línea telefónica no pasa de compartirnos un saludo, porque un correo electrónico no permite que te sienta y te conozca, porque con ello no alcanzas a comprender a tu pequeña. En fin, seguro tú has cambiado tanto como yo, aunque de eso no nos percatemos ni nosotros mismos, y así como tú encontraste tu sitio a unos tantos kilómetros de aquí, yo encontré el mío en esta gran casa de asfalto que alguna vez tú también habitaste.
Debo decirte que la vida aquí se sintoniza a mi ritmo o yo al de ella (ya perdí la diferencia); al principio se me hacía imposible, ¿cómo encontrar mi espacio entre tanto mundo, tanta gente? y yo tan diminuta… Pero ahora te digo que en la ciudad he descubierto muchas contradicciones que le dan sabor a la realidad, aquellas situaciones que aparentemente serían suficientes para salir huyendo de aquí, pero que en realidad son las que te hacen echar raíces y sentirte un verdadero chilango.
Por ejemplo, el transporte público puede ser tan atroz, monótono y deprimente, como puedes encontrar excitante internarte en los vagones de color naranja dejándote llevar por la corriente humana que te sumerge a una marea donde encuentras pláticas curiosas, personajes inimaginables y venta de productos tan simples y cotidianos como raros y graciosos… toda una aventura.
¡Y la lluvia papá!, la lluvia que es capaz de ocasionar inundaciones, tránsito avasallante, problemas en el metro, un mal día para los vendedores ambulantes y hasta un resfriado en algún cristiano; tan sólo idealiza esto: verla a través de una ventana como si se tratase de una obra pictórica que va cambiando a cada segundo, sentirla incluso y oler el ambiente que se despide al impactarse cada gotita contra el asfalto desquebrajado, ¿puedes imaginarte la pureza que queda impregnada en la ciudad después de que millones de gotas la han recubierto?; sí, así percibo yo la lluvia.
Y bueno, aunque esto no te agrade del todo, déjame platicarte que la fritanga chilanga, aunque no es la más sana del mundo, es deliciosa y baratísima; no sé si es el aceite añejo o los productos de baja calidad que se sumergen en él lo que la hacen tan rica al paladar, tal vez también sea el ambiente en que acostumbramos consumir estos productos: en la banqueta de una calle transitada entre el ruido y el smog, malabareando con tu plato y tu bebida; quién sabe, pero mucha gente coincide en que son mejores los tacos de guisado de Doña Tere que el bufete del Sanborns.
¿Sabes? También me encanta de este lugar la diversidad de gente, de espacios y lugares, aquí hay para todos los gustos e ideas y, por ende, la tolerancia la debes tener a flor de piel; yo por ejemplo soy un tanto introvertida y hasta antisocial (tú te diste cuenta desde hace mucho tiempo al adjudicarme ese sobrenombre, “duende autista” me llamabas cariñosamente); sin embargo, aquí el mundo respeta mis silencios, mis soledades, mis gustos y mi forma de vida.
No sé si mi estancia en esta gran urbe dure para siempre, pero estate tranquilo, creo que con todo y sus bemoles soy feliz y estoy creciendo, encontrando mi rumbo como un día a ti te tocó hacerlo. Tal vez algún día nos topemos irreconocibles, pero padre e hija al fin, yo en mi mundo atareado con un ruido silencioso, ¡ah! Y ahora con metrobús; y tú en una provincia donde has alcanzado renombre y autoridad, bien por ti.
Con todo el afecto que estos renglones te puedan hacer llegar:
Tu duende.
Hace largo rato que tú y yo ya no estamos juntos, es increíble que a pesar de la tecnología tengamos una imagen, tú de mí y yo de ti, igual que la de hace ocho años; porque una línea telefónica no pasa de compartirnos un saludo, porque un correo electrónico no permite que te sienta y te conozca, porque con ello no alcanzas a comprender a tu pequeña. En fin, seguro tú has cambiado tanto como yo, aunque de eso no nos percatemos ni nosotros mismos, y así como tú encontraste tu sitio a unos tantos kilómetros de aquí, yo encontré el mío en esta gran casa de asfalto que alguna vez tú también habitaste.
Debo decirte que la vida aquí se sintoniza a mi ritmo o yo al de ella (ya perdí la diferencia); al principio se me hacía imposible, ¿cómo encontrar mi espacio entre tanto mundo, tanta gente? y yo tan diminuta… Pero ahora te digo que en la ciudad he descubierto muchas contradicciones que le dan sabor a la realidad, aquellas situaciones que aparentemente serían suficientes para salir huyendo de aquí, pero que en realidad son las que te hacen echar raíces y sentirte un verdadero chilango.
Por ejemplo, el transporte público puede ser tan atroz, monótono y deprimente, como puedes encontrar excitante internarte en los vagones de color naranja dejándote llevar por la corriente humana que te sumerge a una marea donde encuentras pláticas curiosas, personajes inimaginables y venta de productos tan simples y cotidianos como raros y graciosos… toda una aventura.
¡Y la lluvia papá!, la lluvia que es capaz de ocasionar inundaciones, tránsito avasallante, problemas en el metro, un mal día para los vendedores ambulantes y hasta un resfriado en algún cristiano; tan sólo idealiza esto: verla a través de una ventana como si se tratase de una obra pictórica que va cambiando a cada segundo, sentirla incluso y oler el ambiente que se despide al impactarse cada gotita contra el asfalto desquebrajado, ¿puedes imaginarte la pureza que queda impregnada en la ciudad después de que millones de gotas la han recubierto?; sí, así percibo yo la lluvia.
Y bueno, aunque esto no te agrade del todo, déjame platicarte que la fritanga chilanga, aunque no es la más sana del mundo, es deliciosa y baratísima; no sé si es el aceite añejo o los productos de baja calidad que se sumergen en él lo que la hacen tan rica al paladar, tal vez también sea el ambiente en que acostumbramos consumir estos productos: en la banqueta de una calle transitada entre el ruido y el smog, malabareando con tu plato y tu bebida; quién sabe, pero mucha gente coincide en que son mejores los tacos de guisado de Doña Tere que el bufete del Sanborns.
¿Sabes? También me encanta de este lugar la diversidad de gente, de espacios y lugares, aquí hay para todos los gustos e ideas y, por ende, la tolerancia la debes tener a flor de piel; yo por ejemplo soy un tanto introvertida y hasta antisocial (tú te diste cuenta desde hace mucho tiempo al adjudicarme ese sobrenombre, “duende autista” me llamabas cariñosamente); sin embargo, aquí el mundo respeta mis silencios, mis soledades, mis gustos y mi forma de vida.
No sé si mi estancia en esta gran urbe dure para siempre, pero estate tranquilo, creo que con todo y sus bemoles soy feliz y estoy creciendo, encontrando mi rumbo como un día a ti te tocó hacerlo. Tal vez algún día nos topemos irreconocibles, pero padre e hija al fin, yo en mi mundo atareado con un ruido silencioso, ¡ah! Y ahora con metrobús; y tú en una provincia donde has alcanzado renombre y autoridad, bien por ti.
Con todo el afecto que estos renglones te puedan hacer llegar:
Tu duende.
A SANGRE FRÍA de Truman Capote
Un historia tan real que pareciera inventada es la que Truman Capote trasladó a lo que ahora conocemos como la obra literaria A Sangre Fría; perfecta combinación de novela y periodismo invadida de detalles, nunca prescindibles, que nos presentan casi de manera íntima a los personajes:
Hurbert, el padre generoso, inteligente, exitoso y, por supuesto, eterno seguidor de su religión: la metodista; Bonnie, una madre permanentemente enferma, nostálgica por sus memorias, pero con valor reprimido, era aparentemente feliz; Kenyon, ese hijo extraño, incomprensible, pero obediente siempre y Nancy, la hija desesperadamente buena, siempre ayudando y regalando premios a sus padres, en fin, “una linda familia".
La perfección del linaje Clutter era tal - por lo menos socialmente - que nadie en el pequeño pueblo de Holcomb, Kansas imaginó que ocuparían primera plana del New York Times, y menos por haber sido brutalmente asesinados.
Imágenes y textos de la tragedia plasmados en los diarios impactaron también la mente de Capote, incitándolo a realizar un trabajo de investigación de seis años, una novela que esta vez no sería producto de sus fantasías.
Así, narrando simultáneamente la cotidianeidad de Holcomb con el trayecto por carreteras y caminos de Perry y Dick, autores del crimen, Truman recorre también y nos hace recorrer la casa Clutter esa noche de 1959…el baño, la silla, la soga, los disparos, la sangre son imágenes creadas por su excelente descripción, pero, sin duda, lo que hace diferente y especial a A Sangre Fría es la indagación, el trabajo policiaco y el periodístico de un escritor involucrado que nunca necesito mención.
El final, igual de cruel que el crimen en sí, deja aún después de la última página, ideas y reflexiones y ¿Cómo no habría de hacerlo? si la condición humana perece incluir el deseo de matar, con o sin justificación, pero matar al fin…
***
La muerte, única situación que nos unifica y que encuentra innumerables maneras de manifestarse, desde la más sangrienta, trágica, casi impensable hasta aquella que incluso parece disfrutarse.
El caso es que nos hemos atrevido a suplirla, o mejor dicho, a obligar su presencia, nos sentimos poderosos, inmunes; no me atrevería jamás a juzgarlo, pero sí a cuestionar las razones.
¿Será que la enorme capacidad que tenemos de retener hasta de manera inconsciente lo que nos lastimó alguna vez, lo que no se realizó jamás, es lo que invita a matar o a querer morir?
Esta idea se confunde cuando vuelves la mirada al que ahora está muerto, asesinado, la agonía comienza para el vivo, la sociedad se encargará de ello; si en esos recuerdos archivados existe el desprecio, la humillación y por supuesto el castigo, después de cometer un crimen volverás a rodearte de lo mismo.
No se piense que apruebo la muerte obligada, pero ¿la muerte sólo puede castigarse con muerte? Si todo lo matamos, de todo nos creemos dueños. Recuerdo la frase que alguna vez dijo Rosario Castellanos: "Damos vida sólo a lo que odiamos, matamos lo que amamos y lo demás no ha estado vivo nunca…”
Un rol bien o mal jugado socialmente no da la facultad para decidir el final de la vida, que además no es la tuya, pero no se juzgará ni rechazará al que firmó la orden, quizá hasta agradecerán al responsable por quitar escorias sociales; todo está bien, se realizaron los trámites correspondientes, no es asesinato, es legal.
En alguna página de A Sangre Fría se dice que en la silla eléctrica jamás se ha sentado un rico, coincido. La ley es diferente para cada país, para cada situación, para cada cuenta bancaria.
En México no existe la pena de muerte, por lo menos no en legalmente, y eso no nos resta maldad, instinto de ser superiores, de eliminar al que estorba, de vendernos y vender vidas; tampoco existe la eutanasia y es más que cotidiana, aunque aquí entraría otro concepto: humanidad, solidaridad ante el sufrimiento y es que en muchos de los casos no se puede catalogar como asesinato, ¿en qué casos? no me preguntes, también pertenezco al gigantesco grupo de humanos confundidos.
Volvemos al principio y comprobamos que la muerte y la violencia no se alejarán de ti por ser el mejor de los padres, aunque hayas construido la iglesia y cuides a tu esposa enferma, ¿Quién te ha hecho creer que eres más que aquel que murió afuera de un bar? Quizá los mismos que ahora dirán que no merecías morir así, ¿y por qué no? ¿Por qué no es justo? No se si algo es justo, es mas, no se si eso exista.
Incalculables veces he creído que no hay igualdad, nunca la habrá, sólo con la muerte que nos pone en la misma desventaja a todos
La muerte, única situación que nos unifica y que encuentra innumerables maneras de manifestarse, desde la más sangrienta, trágica, casi impensable hasta aquella que incluso parece disfrutarse.
El caso es que nos hemos atrevido a suplirla, o mejor dicho, a obligar su presencia, nos sentimos poderosos, inmunes; no me atrevería jamás a juzgarlo, pero sí a cuestionar las razones.
¿Será que la enorme capacidad que tenemos de retener hasta de manera inconsciente lo que nos lastimó alguna vez, lo que no se realizó jamás, es lo que invita a matar o a querer morir?
Esta idea se confunde cuando vuelves la mirada al que ahora está muerto, asesinado, la agonía comienza para el vivo, la sociedad se encargará de ello; si en esos recuerdos archivados existe el desprecio, la humillación y por supuesto el castigo, después de cometer un crimen volverás a rodearte de lo mismo.
No se piense que apruebo la muerte obligada, pero ¿la muerte sólo puede castigarse con muerte? Si todo lo matamos, de todo nos creemos dueños. Recuerdo la frase que alguna vez dijo Rosario Castellanos: "Damos vida sólo a lo que odiamos, matamos lo que amamos y lo demás no ha estado vivo nunca…”
Un rol bien o mal jugado socialmente no da la facultad para decidir el final de la vida, que además no es la tuya, pero no se juzgará ni rechazará al que firmó la orden, quizá hasta agradecerán al responsable por quitar escorias sociales; todo está bien, se realizaron los trámites correspondientes, no es asesinato, es legal.
En alguna página de A Sangre Fría se dice que en la silla eléctrica jamás se ha sentado un rico, coincido. La ley es diferente para cada país, para cada situación, para cada cuenta bancaria.
En México no existe la pena de muerte, por lo menos no en legalmente, y eso no nos resta maldad, instinto de ser superiores, de eliminar al que estorba, de vendernos y vender vidas; tampoco existe la eutanasia y es más que cotidiana, aunque aquí entraría otro concepto: humanidad, solidaridad ante el sufrimiento y es que en muchos de los casos no se puede catalogar como asesinato, ¿en qué casos? no me preguntes, también pertenezco al gigantesco grupo de humanos confundidos.
Volvemos al principio y comprobamos que la muerte y la violencia no se alejarán de ti por ser el mejor de los padres, aunque hayas construido la iglesia y cuides a tu esposa enferma, ¿Quién te ha hecho creer que eres más que aquel que murió afuera de un bar? Quizá los mismos que ahora dirán que no merecías morir así, ¿y por qué no? ¿Por qué no es justo? No se si algo es justo, es mas, no se si eso exista.
Incalculables veces he creído que no hay igualdad, nunca la habrá, sólo con la muerte que nos pone en la misma desventaja a todos
Un poco loco
Privación del juicio o del uso de la razón. Acción de gran desconcierto. Exaltación del ánimo producida por algún efecto. Demencia, enajenación, aberración, disparate. Con esto me encontré en un diccionario; suena feo, desastroso, tosco, indeseable, raro, nada propio para el único ser pensante sobre la faz… señoras y señores, con ustedes: la locura.
De ser una persona, sería tal vez una mujer de rara belleza, en edad de plenitud, distante de lo terrenal, con un universo propio que se ha forjado a fuerza de experiencias, buenas, malas. Va caminando por una calle de asfalto azul, parlando con sus propios personajes en un lenguaje que sólo ella conoce porque puede que si la ves reír, algo le aqueja y si te enseña la lengua no lo tomes agresivo, le simpatizas; es decir, con contradicciones que le permiten seguir en pie y bien. Amante de lo amorfo, lo metafísico y de lo simple y extraordinario.
A lo largo de la historia, los hombres han ansiado la racionalidad en su máxima expresión, sin embargo, de repente la realidad a la que nos enfrentamos es tan densa, cruda, profunda o inexplicable que buscamos salidas, rutas de escape y esclarecimientos que encontramos sólo dentro de nosotros mismos. Es necesario excavar en nuestros recuerdos, imaginar, e incluso dar por hecho que nuestras ideas oníricas son verdaderas y hacer caso al espacio que se ha plantado en nuestro ser… la locura no es enajenación, es introspección.
“… y allí estaba yo, en el claro circular y blanco de un bosque encantado, dándole gracias al Señor, de cara al cielo y con los ojos abiertos.”
Fernando del Paso
Los deseos son cosas o situaciones que ansiamos y que no tenemos, es decir, que están lejos de nuestra realidad; la demencia, es verdad, nos aleja de la realidad, nos acerca más a nuestros deseos y, por ende, nos lleva de la mano para obtener aquello que deseamos, abre las puertas de nuestra creatividad, de nuestro ingenio y permite que hagamos cosas increíblemente prodigiosas. Además, inmersos en un mundo lento, apático y lleno de situaciones que degradan el valor humano, hay quienes se valen de la locura, no para hacerse a un lado y vivir engañados, no, más bien para atreverse a dar pasos que, saben, van a cambiar aunque sea algo de su entorno, incluso con toda la corriente en contra suya… la locura no son disparates, son agallas.
“Y si el resto de la gente se oscurece y desvanecen sus certezas y se venden, y si es cómodo callar y no gritar cuando les muerde lo que saben que les puede, yo te juro que me lanzo hasta el vacío y defiendo con la vida lo que es mío; y si el resto de la gente se envenena, y si el resto de la gente ya no sueña, tú quédate a mi lado y sé mi estrella.”
Jannette Chao
No es factible tomarte tan en serio todo lo que viene de la vida, en frustraciones se te iría la propia existencia si te movieras de ese modo, es verdad que estar aquí es un misterio, que hay que planear lo que quieres hacer en este terreno y que, claro, debes tener bien claro lo que quieres y tienes que querer ser alguien importante; y tienes que seguir normas, normas con la familia, en la escuelas, en la sociedad, en la Iglesia y, por favor, “no hagas cosa buenas que parezcan malas, ni malas que parezcan buenas”, que tienes que encontrar tu equilibrio mental, físico, espiritual, dar imagen de buena persona…
Bendito Dios que existe la locura para que todo eso que implica ser humano sea llevadero y hasta disfrutable, porque te pone en un punto de levedad y relajación que ni los más cuerdos se resisten a ella… la locura no es desastre, es deleite.
“A lo loco es una frase que esta de moda y se escucha en todas partes y a todas horas; es la frase preferida de la buena sociedad y aunque usted no se lo crea contagiado me dirá: a lo loco se vive mejor.”
Jarabe de Palo
Y sí, puede que esto de la demencia sea una enfermedad, sin embargo, una enfermedad necesaria para sobrevivir, por donde se quiera ver te sugiere libertad, desapego a los paradigmas sociales tan asfixiantes que son implantados por meros prejuicios y, por que no, el espejo de nuestra propia alma.
“… y estoy enferma, pero enferma de rosas deshojadas, de arcoiris que se me clavan en el pecho, de astros y auroras boreales que se me meten por los ojos para iluminar mi delirio.”
ROSARIO CASTELLANOS, el hubiera que sí existe
El día ha transcurrido lentamente esta vez, pero la hora se acerca, sé muy bien que será difícil y en mí se enfrentan todas las emociones que llevo siempre, aunque dormidas. Los nervios contra el anhelo de años de que esto sucediera, y ahora que es real sólo quiero hacerlo correctamente, aprovecharlo, dar lo mejor de mí como mujer, como periodista, como mexicana…es impresionante la admiración que le tengo a esta mujer, no sólo por su trabajo valiosísimo en muchos aspectos, sino por la persona completa, la que ha creado un mundo en el que cabemos todos, la que con sus obras ha dejado algo mucho más grande que la tinta sobre el papel.
Ya voy en camino. Mi destino: una cafetería un tanto bohemia ubicada cerca de la plazuela central de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas. Esta noche tengo una fiesta en el estómago, estoy tan feliz que me gustaría que todos lo supieran, que notaran que por fin lo logré, que lo conseguí, conseguí entrevistar a Rosario Castellanos…
Ya estoy en el lugar, aun falta media hora para que ella llegue, así que aprovecho para prepararme, elijo la mesa para cuatro personas al fondo donde llega ese exquisito olor a café de grano, reviso las pilas de mi grabadora, la libreta, la pluma, las preguntas, todo está listo. Faltan unos cuantos minutos, me consuela saber que Rosario acostumbra ser puntual y una vez más estoy tambaleando los dedos sobre el mantel azul.
El sonido de un trueno regresa mi mente a la cafetería y cuando vuelvo la mirada hacia la puerta, ahí está, con una gabardina gris, su pelo corto, su mirada que invita a sonreírle, más sencilla de lo que esperaba, pero nunca una mujer común.
"Yo soy una señora... Más o menos fea, depende de la mano que aplica el maquillaje”.
Nunca antes tuve la oportunidad de presentarme ante ella, así que obviamente aprovecho la ocasión. Es un poco extraño, he olvidado mi nerviosismo, ahora siento como si estuviera con mi tía o con una gran amiga que conocí en la universidad; todo provocado por ese carisma que la caracteriza, su humildad, sus ojos sinceros, su voz un poco rasposa, y su asombrosa capacidad de pronunciar siempre las palabras adecuadas me invitan a tomar un café mientras ella opta por una taza de espumoso chocolate. El ambiente me dice que tendré una agradable y, espero, larga charla…
-Al ver a los niños indígenas que vivían cerca de mi casa convertidos en unos hombres, volver a sentir esa solidaridad y compromiso con ellos porque sigo sintiendo rabia al ver como este México globalizado y capitalista se empeña en olvidar nuestras raíces, nuestro origen, la base de lo que somos y de nuestra cultura. Guerrillas, descuido en el campo, falta de educación de los pueblos indígenas y, el problema que considero más grave: la falta de valoración de sus tradiciones, costumbres, lengua, ideología, en fin, todo lo que los convierte en la esencia de nuestra patria. Por ello, me reconforta mucho estar cerca de mi pueblo, nuestro pueblo porque sé que no me quedaré con las manos cruzadas, poco o mucho, pero voy a hacer algo como siempre lo he hecho, y si éste fuera el momento de mi muerte, estaría satisfecha porque sabe Dios que hice mi parte, con mi pluma y con mi voz, en pro de la especie humana. Sí, merezco una primavera. No le debo nada a nadie…
Al referirte a la especie humana, te has enfocado en grupos específicos, uno de ellos es el conformado por las mujeres y el feminismo en México ¿Cómo reflejas esto en tus obras literarias y qué buscas con ello?
-En mis ensayos y poesías reflejo la situación de muchas mujeres, y algo que yo llamo la doble condición: ser mujer y mexicana. A simple vista esto no parece ser un problema, pero la mujer en México ha sido educada para hacer feliz y no para ser feliz; ella misma adopta actitudes que la humillan, la desvalorizan y la limitan, aunque al mismo tiempo, una fuerza interna les grita sus esperanzas más profundas que sólo desean manifestarse, de este modo se integran a un juego eterno donde los participantes son la aceptación y la resistencia. Cuando me refiero al feminismo como tal, intento transmitir una idea de equidad y complemento entre hombre y mujer , concienciar a las mexicanas y resaltar su parte creativa, humana, femenina, crítica y sensible; pero el reto es lograr que lo entiendan, lo crean y desde esa perspectiva lo apliquen en su vida y encuentren su lugar en el mundo como lo que son, no más, no menos que los hombres, simplemente diferentes…Quiero plasmar en una hoja de papel el ser y el sentir de las mujeres, sin embargo, para escribir como una mujer es preciso olvidar que se es mujer….
Indudablemente, tus obras nos dejan y han dejado un sello e ideología muy especial. ¿A ti qué obra te ha hecho sentir esa magia de la conexión palabra-emoción-pensamiento?
-*Muerte sin fin*, de José Gorostiza me produjo una conmoción de la que no me he repuesto nunca, es mas, bajo su estímulo inmediato, aunque como influjo no se note, escribí en una semana *Trayectoria del polvo* que intenta ser una especie de resumen de mis conocimientos sobre la vida, sobre mí misma y sobre los demás. Supuse que la mejor manera de expresarme era el poema largo, de gran aliento, aunque yo no lo tuviera. De aquel poemario es la frase "Hoy es en mí la muerte muy pequeña y grande la esperanza”
¿Cómo concibes a la muerte?
-Muertos estamos todos aunque respiremos y nuestro corazón lata fuerte. Cada vez que algo nos apasiona, nos llena y logra provocar en nosotros el sentimiento más profundo, real e incomprensible, que es el amor, nos hace vulnerables y entonces, de repente tenemos miedo, ignoramos por qué, pero ahí está, tal vez sea miedo a ser feliz o a conocer una parte nuestra que ni siquiera sabíamos que pudiéramos desarrollar, entonces simplemente nos alejamos, todo lo conflictuamos, discutimos, lo negamos, en una palabra: matamos, matamos lo que amamos y damos vida sólo a lo que odiamos.
En cuanto a la muerte física, siempre he creído que existe un mundo mejor que este, donde cabemos todos, así que pienso, quizá muy inocentemente, que todos llegaremos a esa vida donde la palabra y el pensamiento serán más grandes, fuertes y poderosos que cualquier arma, desigualdad, racismo o bomba atómica….
¿Consideras a la guerra y a la violencia los móviles de la creciente destrucción de la vida y el mundo?
-Antes de la guerra y la violencia existe algo más: el odio; como te mencionaba, el hombre tiene el instinto de desarrollar a gran escala su odio, es lo que paradójicamente lo mantiene vivo, lo obliga a pensar, a conocer, a planear, lo transforma en una máquina de destrucción en busca de poder a costa de lo que sea. Definitivamente este es el mal del mundo, cuando aprendamos a amar, a disfrutar, a sonreír y nos demos cuenta de que todos somos iguales, entonces el mundo dará más vueltas, pero para festejar (risas).
En mi mente vuelan decenas de preguntas, de dudas, pero sin sentirme aun preparada por no tener una pregunta bien estructurada, de mi boca sale una palabra: Soledad
Para mi sorpresa, el rostro de Rosario se endurece, sus ojos se entrecierran mirando la ventana al fondo del corredor mientras sus manos juguetean con la taza, algunos segundos de silencio me hacen sentir una culpa aunque, en realidad no entiendo lo que provoca esa palabra que pronuncié espontáneamente, entonces ella decide explicarme sus razones.
-Es un poco cómico, pero esta vez responderé a tu pregunta y a otra que no me has hecho: ¿Por qué y para qué escribo? Es obvio. Escribo porque yo, un día, adolescente, me incliné ante un espejo y no había nadie. ¿Te das cuenta? El vacío. La soledad….
Después de darme la contestación más corta y rápida de toda la plática, y dejándome verdaderamente sorprendida de la claridad y precisión de sus palabras, ella se levanta, me mira cordialmente como agradeciendo que mis oídos la escucharan esta noche, extiende su mano sobre mi hombro causándome una sensación de absoluta tranquilidad, paz y alegría, se conduce a la puerta del lugar y, antes de que mi cuerpo y mente decidan reaccionar, ella se marcha.
Mi entrevista resultó aportar más de lo que esperaba, miro mi libreta y está en blanco, mi pluma cayó accidentalmente al piso sin darme cuenta y mi grabadora, tal vez no la necesite nunca ya que más que una entrevista de labor periodístico, fue la charla más agradable y enriquecedora que he tenido.
Ya pasaron dos años después de esa ocasión mágica, ahora sentada en el sillón de la sala hojeo el periódico, y tristemente mis ojos leen: Víctima de una descarga eléctrica, la gran escritora mexicana Rosario Castellanos murió…
Ya voy en camino. Mi destino: una cafetería un tanto bohemia ubicada cerca de la plazuela central de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas. Esta noche tengo una fiesta en el estómago, estoy tan feliz que me gustaría que todos lo supieran, que notaran que por fin lo logré, que lo conseguí, conseguí entrevistar a Rosario Castellanos…
Ya estoy en el lugar, aun falta media hora para que ella llegue, así que aprovecho para prepararme, elijo la mesa para cuatro personas al fondo donde llega ese exquisito olor a café de grano, reviso las pilas de mi grabadora, la libreta, la pluma, las preguntas, todo está listo. Faltan unos cuantos minutos, me consuela saber que Rosario acostumbra ser puntual y una vez más estoy tambaleando los dedos sobre el mantel azul.
El sonido de un trueno regresa mi mente a la cafetería y cuando vuelvo la mirada hacia la puerta, ahí está, con una gabardina gris, su pelo corto, su mirada que invita a sonreírle, más sencilla de lo que esperaba, pero nunca una mujer común.
"Yo soy una señora... Más o menos fea, depende de la mano que aplica el maquillaje”.
Nunca antes tuve la oportunidad de presentarme ante ella, así que obviamente aprovecho la ocasión. Es un poco extraño, he olvidado mi nerviosismo, ahora siento como si estuviera con mi tía o con una gran amiga que conocí en la universidad; todo provocado por ese carisma que la caracteriza, su humildad, sus ojos sinceros, su voz un poco rasposa, y su asombrosa capacidad de pronunciar siempre las palabras adecuadas me invitan a tomar un café mientras ella opta por una taza de espumoso chocolate. El ambiente me dice que tendré una agradable y, espero, larga charla…
-Al ver a los niños indígenas que vivían cerca de mi casa convertidos en unos hombres, volver a sentir esa solidaridad y compromiso con ellos porque sigo sintiendo rabia al ver como este México globalizado y capitalista se empeña en olvidar nuestras raíces, nuestro origen, la base de lo que somos y de nuestra cultura. Guerrillas, descuido en el campo, falta de educación de los pueblos indígenas y, el problema que considero más grave: la falta de valoración de sus tradiciones, costumbres, lengua, ideología, en fin, todo lo que los convierte en la esencia de nuestra patria. Por ello, me reconforta mucho estar cerca de mi pueblo, nuestro pueblo porque sé que no me quedaré con las manos cruzadas, poco o mucho, pero voy a hacer algo como siempre lo he hecho, y si éste fuera el momento de mi muerte, estaría satisfecha porque sabe Dios que hice mi parte, con mi pluma y con mi voz, en pro de la especie humana. Sí, merezco una primavera. No le debo nada a nadie…
Al referirte a la especie humana, te has enfocado en grupos específicos, uno de ellos es el conformado por las mujeres y el feminismo en México ¿Cómo reflejas esto en tus obras literarias y qué buscas con ello?
-En mis ensayos y poesías reflejo la situación de muchas mujeres, y algo que yo llamo la doble condición: ser mujer y mexicana. A simple vista esto no parece ser un problema, pero la mujer en México ha sido educada para hacer feliz y no para ser feliz; ella misma adopta actitudes que la humillan, la desvalorizan y la limitan, aunque al mismo tiempo, una fuerza interna les grita sus esperanzas más profundas que sólo desean manifestarse, de este modo se integran a un juego eterno donde los participantes son la aceptación y la resistencia. Cuando me refiero al feminismo como tal, intento transmitir una idea de equidad y complemento entre hombre y mujer , concienciar a las mexicanas y resaltar su parte creativa, humana, femenina, crítica y sensible; pero el reto es lograr que lo entiendan, lo crean y desde esa perspectiva lo apliquen en su vida y encuentren su lugar en el mundo como lo que son, no más, no menos que los hombres, simplemente diferentes…Quiero plasmar en una hoja de papel el ser y el sentir de las mujeres, sin embargo, para escribir como una mujer es preciso olvidar que se es mujer….
Indudablemente, tus obras nos dejan y han dejado un sello e ideología muy especial. ¿A ti qué obra te ha hecho sentir esa magia de la conexión palabra-emoción-pensamiento?
-*Muerte sin fin*, de José Gorostiza me produjo una conmoción de la que no me he repuesto nunca, es mas, bajo su estímulo inmediato, aunque como influjo no se note, escribí en una semana *Trayectoria del polvo* que intenta ser una especie de resumen de mis conocimientos sobre la vida, sobre mí misma y sobre los demás. Supuse que la mejor manera de expresarme era el poema largo, de gran aliento, aunque yo no lo tuviera. De aquel poemario es la frase "Hoy es en mí la muerte muy pequeña y grande la esperanza”
¿Cómo concibes a la muerte?
-Muertos estamos todos aunque respiremos y nuestro corazón lata fuerte. Cada vez que algo nos apasiona, nos llena y logra provocar en nosotros el sentimiento más profundo, real e incomprensible, que es el amor, nos hace vulnerables y entonces, de repente tenemos miedo, ignoramos por qué, pero ahí está, tal vez sea miedo a ser feliz o a conocer una parte nuestra que ni siquiera sabíamos que pudiéramos desarrollar, entonces simplemente nos alejamos, todo lo conflictuamos, discutimos, lo negamos, en una palabra: matamos, matamos lo que amamos y damos vida sólo a lo que odiamos.
En cuanto a la muerte física, siempre he creído que existe un mundo mejor que este, donde cabemos todos, así que pienso, quizá muy inocentemente, que todos llegaremos a esa vida donde la palabra y el pensamiento serán más grandes, fuertes y poderosos que cualquier arma, desigualdad, racismo o bomba atómica….
¿Consideras a la guerra y a la violencia los móviles de la creciente destrucción de la vida y el mundo?
-Antes de la guerra y la violencia existe algo más: el odio; como te mencionaba, el hombre tiene el instinto de desarrollar a gran escala su odio, es lo que paradójicamente lo mantiene vivo, lo obliga a pensar, a conocer, a planear, lo transforma en una máquina de destrucción en busca de poder a costa de lo que sea. Definitivamente este es el mal del mundo, cuando aprendamos a amar, a disfrutar, a sonreír y nos demos cuenta de que todos somos iguales, entonces el mundo dará más vueltas, pero para festejar (risas).
En mi mente vuelan decenas de preguntas, de dudas, pero sin sentirme aun preparada por no tener una pregunta bien estructurada, de mi boca sale una palabra: Soledad
Para mi sorpresa, el rostro de Rosario se endurece, sus ojos se entrecierran mirando la ventana al fondo del corredor mientras sus manos juguetean con la taza, algunos segundos de silencio me hacen sentir una culpa aunque, en realidad no entiendo lo que provoca esa palabra que pronuncié espontáneamente, entonces ella decide explicarme sus razones.
-Es un poco cómico, pero esta vez responderé a tu pregunta y a otra que no me has hecho: ¿Por qué y para qué escribo? Es obvio. Escribo porque yo, un día, adolescente, me incliné ante un espejo y no había nadie. ¿Te das cuenta? El vacío. La soledad….
Después de darme la contestación más corta y rápida de toda la plática, y dejándome verdaderamente sorprendida de la claridad y precisión de sus palabras, ella se levanta, me mira cordialmente como agradeciendo que mis oídos la escucharan esta noche, extiende su mano sobre mi hombro causándome una sensación de absoluta tranquilidad, paz y alegría, se conduce a la puerta del lugar y, antes de que mi cuerpo y mente decidan reaccionar, ella se marcha.
Mi entrevista resultó aportar más de lo que esperaba, miro mi libreta y está en blanco, mi pluma cayó accidentalmente al piso sin darme cuenta y mi grabadora, tal vez no la necesite nunca ya que más que una entrevista de labor periodístico, fue la charla más agradable y enriquecedora que he tenido.
Ya pasaron dos años después de esa ocasión mágica, ahora sentada en el sillón de la sala hojeo el periódico, y tristemente mis ojos leen: Víctima de una descarga eléctrica, la gran escritora mexicana Rosario Castellanos murió…
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